Por el amor a la física, de Walter Lewin

Martin A. La ReginaPrimero de marzo, hoy toca hablar del libro del mes del Club de lectura. Segundo libro del año y primer abandono. Así están las cosas. Mi madre diría aquello de al primer tapón, zurrapas. El jueves, después de haber penado por unas 150 páginas, abrí el libro y leí: “Una corriente eléctrica circula entre un potencial eléctrico alto y uno bajo. La intensidad de la corriente depende de la diferencia de potencial y de la resistencia eléctrica entre los dos objetos. Cuanto mayor es la diferencia de voltaje y menor es la resistencia, mayor es la corriente eléctrica resultante.” Entonces me pregunté: ¿pero qué hago yo leyendo esto? Me acordé entonces de la primera ley de Newton sobre la inercia y me dije que la desesperación es una fuerza como otra cualquiera para alterarla, así es que abandoné el estado de lectura y comprobé de paso la infalibilidad del autor para demostrar las leyes de la física.

Los libros proporcionan conocimiento, y hay libros de divulgación muy divertidos, sin duda. No es necesario estar interesado por el objeto de divulgación: basta con que las cosas estén bien contadas. Por el amor a la física es un libro de curiosidades y experimentos, alternado con farragosas e insoportables descripciones científicas que tratan de explicar en detalle los fenómenos que te cuenta el autor y que, lejos de proporcionar alguna luz en la oscuridad de tu ignorancia, te sumerge en el abismo del aburrimiento. ¿Amor, dice Lewin? ¿Amor? Nos habla del amor loco que provoca la belleza de la música y luego nos dice algo como “la longitud de onda en el aire de un tono de 440 hercios es 340 dividido entre 440, es decir, 0,772.“, y no sé a ustedes, pero a mí el amor se me baja hasta los pies a la velocidad de la luz, sin contar con la gravedad y despreciando el rozamiento del aire.

Tenemos delante de nosotros un libro escrito con un entusiasmo y una motivación ilimitadas, pero que se hace pastosa y verborreica y que transmite la misma poesía que mirar a un adolescente con granos. Hay un capítulo dedicado a los arco iris en donde el autor nos cuenta que se metió un día en la ducha y que entraba un rayo de sol y, oh, se formaron dos arco iris. “Como tenía el agua tan cerca, y como mis ojos están a unos cinco centímetros el uno del otro, cada ojo tenía su propia línea imaginaria. Los ángulos eran los precisos, la cantidad de agua era la justa y cada uno de mis ojos veía su propio arco primario. Si cerraba un ojo, uno de los arco iris desaparecía; si cerraba el otro, desaparecía el otro arco iris“. Qué cosas. A mí se me ocurre que de haber cerrado los dos ojos a la vez, ya no hubiera visto ningún arco iris, aunque prefiero no pensar mucho en este episodio para no imaginarme a ese señor desnudo, rodeado de pompas de jabón y guiñándome alternativamente los ojos para demostrarme la refracción de la luz. Tengo que decir que en este punto, mi cabecita empezó a calcular la batalla entre la fuerza centrífuga de tirar el kindle por la ventana y la centrípeta de ahorrar los 129 euros que costaría uno nuevo.

burro motivadoEste señor no es ningún tontainas, aunque se disfrace de burro motivado para contarnos cosas muy complicadas y haga payasadas para que nos guste la ciencia. Es un profesor del MIT que ha dedicado toda su vida a la enseñanza de la física y que ha realizado unos vídeos muy populares y unos cursos on line (en el prólogo nos dicen, con un infantilismo que provoca algo de sonrojo que ¡hasta Bill Gates los ha visto!) que sirven para hacer la física algo curioso y para demostrarnos que estamos rodeados de ella, y que todo se puede explicar con ella. Hombre, pues sí, aunque el sopor que provoca el libro no lo explica la física, sino la diferencia entre un medio como es el vídeo y la escritura, puesto que una demostración  contada pierde mucho interés, y si ya está mal contada resulta insufrible. Un horror, un desorden y una pesadez que a mí me han provocado justo el efecto contrario: que deteste todo lo que tenga que ver con sus experimentos, con sus explicaciones y con este individuo.

Eso por no hablar del autobombo insoportable que se da a sí mismo cuando nos cuenta el asombro que provocan sus demostraciones, lo divertido que es y lo que hace reir, lo maravillados que deja a sus espectadores, o lo impostado que resulta el entusiasmo con el que disfraza una arrogancia que a veces asoma la patita: “La amplitud de una onda sonora en el aire es la distancia en que las moléculas se mueven hacia delante y atrás en la onda de presión, pero nunca se expresa así, sino que en su lugar se mide la intensidad del sonido, que se expresa en decibelios. La escala de los decibelios es bastante complicada. Por suerte, no necesitas saber nada sobre ella”. Ya. Sin duda es suerte. Ah, la suerte: hay quien vende millones de libros sólo con ella, y también hay quien se libra de leerlos si se cruza en su camino.

No he visto sus vídeos. Cuando fui a encontrarlos, buscando en ellos algo de simpatía por un tipo que empezaba a resultarme agotador para mi paciencia, me topé con una noticia sobre un oscuro episodio de acoso sexual de este individuo a una alumna que ha provocado que lo expulsen del MIT hace un par de meses y que sus vídeos hayan sido retirados. Feo asunto. Estas acusaciones son muy delicadas pero después de leer un par de artículos sobre el caso, a mí me expulsó definitivamente de seguir leyendo. Al principio de su libro este señor nos habla de la importancia de las mediciones y yo no sé si el colmo se puede medir, pero esto ya fue el disparador definitivo para que le cogiera un asco infinito a él, al libro, a sus performances científicas y a su curriculum decente.

No me disgusta ni la física ni los libros científicos que nos aportan saber, aunque sea muy especializado. Tampoco me disgusta transitar por lecturas difíciles con papel y bolígrafo en la mano para pararme a entender qué me están tratando de contar, o tener que leer despacio o dos veces el mismo párrafo para comprender, o verme superada por mi propia ignorancia, que la tengo y la reconozco. Me lo he pasado de maravilla leyendo a Stephen Hawking y a Michiu Kaku y cualquier libro de filosofía o de psicoanálisis son tan retadores como uno de física si no es tu especialidad y no conoces en profundidad el tema. Así que no es eso lo que me ha echado del libro, sino su profunda vulgaridad y el desinterés que me provoca el planteamiento y cómo está escrito. Porque ése es el gran defecto del libro, y no la confusión del autor sobre lo que es el amor y sobre cómo hay que explicarlo (y manifestarlo, aunque eso se esté investigando).

En fin, esperemos tener más suerte en este mes que empieza hoy con un nuevo libro que espero que no siga poniendo en riesgo el kindle, que al paso que vamos no sé si acabará el 2015 sin planear por el patio de mi casa. Para seguir leyendo sobre el de este mes, tienen las opiniones de mis compañeros de fatigas en La mesa cero del BlascoDelenda est CarthagoLa originalidad perdida y en el blog de Bichejo. Y a lo largo del mes, en el blog del club o escuchando nuestra tertulia en nuestro podcast (que tenéis señalado en un apartado en la columna derecha de este blog).

6 pensamientos en “Por el amor a la física, de Walter Lewin

  1. ¡Qué gafes somos! Yo me esperaba una especie de “El mundo de Sofía” más adulto y de física y cómo dices falla en el desarrollo… Lo hubiera leído igual (lo compré en un kindle flash por una recomendación entusiasta) y me hubiera sentido estúpida por no conseguir sentir ese amor, no por la física sino por el libro, aunque no valga de un carajo veo que es cosa de la maldición que tenemos encima y me quedo más tranquila…

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  2. Cuando has dicho que la lectura de las longitudes de onda te hizo abandonar el libro no he dado crédito, mira que hay cosas para haber abandonado pero ésa era una de las partes más interesantes. Me ha hecho recordar que una vez escribí esto, cuando mi blog era un blog :___)
    Las ondas son geniales, las ondas son nuestras amigas, tú misma merecerías ser una onda llena de luz y color.

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  3. Es una mierda de libro, mal escrito y peor contado. Te cuenta curiosidades y luego, a la hora de explicarlo, es farragoso e ininteligible. Es una mala vulgarización.

    Me da igual si además de todo es un cerdo. De momento, es un mal escritor y su libro es una porquería, y punto y basta.

    ND, yo he elegido libros peores, así que no te castigues. Esto es como los melones, nunca se sabe cómo van a resultar.

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  4. No hemos triunfado, a ver si marzo…

    Estoy muy de acuerdo con tu último comentario, despierta tu interés y luego no te lo sabe explicar ni transmitir el interés.

    Acolcha el kindle, que nos toca un señor andando…

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