Cuba, 1997

“Y yo pensaba que en el control nos harían muchas preguntas: Y usted, ya que pone en el visado que es economista, ¿No opina que el capitalismo es opresor e imperialista? A ver ¿Quién fue José Martí? ¿Cuándo sucedió el asalto al cuartel Moncada? ¿Qué dijo Fidel en su primer discurso al pueblo? ¿Cree usted en la revolución?… Pero no hubo nada de eso. Lo único que me preguntó aquel policía era si yo no tenía sueño, porque él sí…”

“Y la tal Nancy – estos nombres solo se dan en América y en las jugueterías – agarró el transmisor y le dijo a la compañera dos o tres cosas en clave ininteligible que, aproximadamente, debían significar: o dices positivo o te agarro del moño y te arrastro por el malecón”. Así que la compañera dijo positivo compañera, y Nancy le dijo al taxista que la compañera ha dicho positivo compañera así que positivo compañero. Y el taxista aun dudó un par de segundos hasta que por fin arrancó aquel coche del pasado remoto del que deberían bajarse Lauren Bacall y James Cagney, y no unos gallegos despistados, que para colmo no eran gallegos…”

“Ahora llueve. Como en el trópico. El cielo está a punto de caerse sobre nuestras cabezas. Hace un rato, en una callejuela al lado del museo de la revolución, ha estallado un trueno bestial. Y hemos hecho ademán de salir corriendo, como si aquello evitara algo. Un cubanito, que previamente me había pedido “un cigarro de esos que fuman ustedes” se ha echado a reir. Nos decía “corran, corran… estos gallegos…”.

“Pidió un zumo. El camarero sirvió el zumo en el vaso y como sobraba zumo en la botella, hala, se bebió el resto a morro. Así, como si nada. Por fortuna no eructó después. La escasez, sin duda…”

“A la mañana siguiente nos despertó el calor casi de madrugada. Se había apagado el aire acondicionado por un corte de luz. Tampoco había agua corriente. Así es que bajamos a desayunar, pero el desayuno fue de lo más escueto por la falta de luz y de agua. En recepción nos dijeron que no era normal el corte de todo. Y que como no era normal, no podían decirnos a qué hora volvería la normalidad. Nos pareció un razonamiento impecable. Así es que nos fuimos a la Habana Vieja, sin duchar y con el estómago medio vacío. Y nada más salir se nos adosó un cubano para pedirnos que le contáramos cosas. ¿Ves? que se te adose un cubano es de lo más normal…”

“Plaza de Armas por la calle del Obispo. estaban instalando tenderetes para vender libros. Libros viejos, muy viejos. Títulos como “La CIA y el Che”, “Discursos de Fidel”, “El capital” (en tres tomos), algo de García Marquez. El resto, un batiburrillo de libros de biología, de historia, de arquitectura… viejísimos todos”

“La Catedral por dentro está hecha añicos. Aparentemente la están reformando, aunque yo creo que tardarán en terminar la reforma: el encargado, tras su nombramiento, echó a correr y se le ha localizado en un hospital de benedictinos de Bulgaria, a donde ha ido a recuperar el oremus.”

“Por fin dimos esquinazo al cubano, aunque antes me había dado un caramelo. Yo me lo guardé y luego se lo di a una niña que me pidió “caramela”. Y es que es lo único que te piden por la calle: caramelos y chicles.”

“En este palacio tienen la Giraldilla, que sirve también de logo al Havana Club. Y es la estatua de Inés de Bobadilla, que fue la primera gobernadora porque su marido se fue a conquistar la Florida, y ella se quedó esperando, y se le quedó la postura de estar esperando y ya no sabemos si la cogieron como símbolo por esperar, por ser gobernadora o por tener un marido conquistador. “

“Tienen también la estatua que estaba en lo que ahora es la Plaza de la Revolución, representando el aguila imperial americana. Bueno, tienen lo que queda de la estatua. Hombre, a mí no me parece bien que vayan tirando estatuas por ahí, pero viendo lo horrenda que era, y al margen de compromisos políticos, puedo llegar a comprender al pueblo cubano. Puedo hasta solidarizarme y todo. Y en la misma sala tienen una esquela de Batista. Para mí que la han recortado del ABC.”

“Luego fuimos a la Plaza Vieja, que según la guía ya no es vieja. En fin, la guía puede decir lo que quiera. La plaza es un puro escombro. De ahí hacia el Capitolio, pasando por delante del hotel Royal, que parece que le ha caído una bomba encima. Una de la primera guerra mundial, tirando por lo próximo.”

“Y el malecón es más bajo de lo que suponía pero mucho más largo de lo que me imaginaba. O sea, que no tenía ni idea de cómo era el malecón.”

“Al otro lado del malecón está el mar, que los cubanos llaman el mal. En cuanto a cómo dicen malecón… en fin, hay que oir a un cubano decir malecón. Y cuando yo hablo tengo la sensación de que no me entienden. O tal vez se asustan: mi español debe parecerles demasiado austero.”

“La Habana vieja debería llamarse la habana viejísima. Y en algunos tramos, la Habana paupérrima. Sin embargo, en el Vedado, la ruina data de hace menos. ¿Tres siglos?.”

“Sin hotel para la última noche, con un festival de la Juventud y millones de comunistas que vienen a cualquier cosa menos a gastarse el dólar. Qué remedio: al Nacional, según el Trotamundos, “l’hotel encore plus chic”. A 168 dólares la nuit, me pregunto si mi francés es correcto y chic es lo que creo. Pero mola todo dormir allí, esto es verdad.”

“Hacia el convento de la Merced es la parte vieja de la Habana Vieja. Casas vacías por dentro y desconchadas por fuera, habitadas por gente que no es del todo miserable. No del todo. Portalillos oscuros, con escaleras que llevan a otra ruina, la de arriba, en donde supones vigas por paredes y cielo por techo. Niños en la calle que apenas juegan, sólo te miran, serios. Calles levantadas que alguien animó a reparar y que terminan peor de lo que estaban. Amarillos antiguos, rosas antiguos, azulones antiguos. Una torrecilla de campanario desmadejada. La pena de no haber vivido y visto esa maravilla antes del abandono, la maravilla que debió de ser esta ciudad.”

“En lo alto del fuerte, que domina toda la bahía, y sobre los cañones, que apuntan al mar para que no entre nadie. Pero eso era antes. Ahora los cañones los deberían poner apuntando a la Habana Vieja. Ese lugar no se puede dejar de ver si se va a la Habana.”

“La Bodeguita del medio se llama así porque los bares se montaban en las esquinas, menos éste, que se montó en medio. Y a la vista de las fotos, por allí pasó todo Hollywood, salvo la mona Chita y Dumbo, de quien no se tiene constancia. En la mesa de al lado, unos cubanos, sin duda revolucionarios.”

“Ya quisieran en París aprender de los merchandiser de la Habana. Tiene mucho mérito montar un escaparate de seis metros con dos vestidos.”

“El Floridita es completamente kitch y está lleno de extranjeros. Mientras en la Bodeguita no notas a los extranjeros (tal vez por la disposición del local, oscuro, enrevesado, pequeño, laberíntico, lleno de habitaciones), el Floridita es la extranjería decadente en pleno. Humo, daikiris y todo en rojo. Tampoco parece que hayan pasado por allí la mona Chita y Dumbo. No tiene ningún encanto pero eso sí. el daikiri es extraordinario.”

“De camino a Miramar comprendes lo inmenso que es el Malecón. Y que si te toca un hotel allí, es una guarrada de las serias. No tiene el menor interés, y que digan las guías lo que quieran.”

“En Cayo Levisa hay tiburones, peces espada, pulpos gigantes, langostas elefantisíacas, leones, tigres, panteras, cocodrilos, águilas imperiales, cebras, corzos, ballenas, jirafas y hasta algún que otro oso panda. Sin embargo, hasta el momento sólo hemos visto unos caracoles que llevan cangrejos debajo y cangrejos que van con una concha encima. El resto de animalitos no se deja ver, lo que me hace pensar que la fauna cubana es de suyo vergonzosa. También hay franceses, alemanes y algún que otro catalán que viene a pasar el día. Ninguno lleva ni concha ni cangrejo, pero se dejan ver. En cuanto a la flora, no hay crisantemos y esto me hace pensar que no moriremos, a pesar del calor.”

“El Caribe. Manglar al sur, mar al norte, veinte cabañas repartidas en 3 kilómetros de largo por 500 metros de ancho, sólo un teléfono que recibe llamadas, un barco que va y otro que viene al día, y una radio por si hay emergencias. También un puesto militar inocuo. El paraíso en la tierra.”  

Del cuaderno de viaje Cuba 1997

4 pensamientos en “Cuba, 1997

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