El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Hace unos meses reseñé un libro de Vargas Llosa, El sueño del celta, en el que se narra la historia de Roger Casement, un irlandés que vivió y denunció con éxito las atrocidades de la explotación del Congo y del Amazonas a finales del siglo XIX por el hombre europeo. El origen de este libro, tal y como ha explicado Vargas Llosa en alguna ocasión, se encuentra en la lectura de una biografía de Joseph Conrad, en la que éste puso a Vargas Llosa sobre la pista de Casement.

Conrad era un escritor de origen polaco, aunque escribía en inglés, que ejerció como marino mercante y que, en un momento dado de su vida, al no encontrar trabajo de su rango en Inglaterra, aceptó un empleo como capitán en la Societé Anonyme Belge para el comercio en el Congo, empresa a través de la cual Leopoldo II de Bélgica perpetraba un genocidio en toda regla en Africa con el fin de saquear las reservas de marfil y caucho, aunque bajo la beatífica excusa de civilizar el pueblo congoleño.

Cuando Conrad llegó a Africa, en vez de trabajar en el empleo de capitán para el que había firmado, puesto que su barco estaba en reparación, se le encargó ir como segundo de abordo en un barco río Congo arriba con la misión de recoger a un agente de la compañía que había caído gravemente enfermo, un tal Klein. De regreso de esta misión, seis meses después de haber salido de Inglaterra, Conrad se volvió a Europa. Había firmado para tres años.

El porqué de esta vuelta prematura se puede encontrar en El corazón de las tinieblas, en la que se puede suponer que el protagonista, Marlow, es el propio Conrad y el señor Klein, el agente Kurtz de la novela al que van a rescatar. Porque esta la historia que nos cuenta Conrad a través de la narración que hace el marino Marlow a sus compañeros de barco cuando éste se encuentra atracado a orillas del Támesis.

El libro empieza situándonos en el barco, en tercera persona, hasta que Marlow empieza a hablar y a contar su historia. Que yo recuerde, toma aliento una vez en la narración. Una forma de narrar como si fuera un sueño, una pesadilla, el relato de un viaje al horror, a la locura, a las tinieblas de la crueldad del hombre, a ese lugar en el que éste pierde la condición humana.

Como en el libro de Vargas Llosa, la civilización se hace indistinguible de la barbarie. Una civilización que se vuelve bárbara conscientemente, que puede distinguir entre el bien y el mal y que opta por el mal para saciar su codicia y su iniquidad. Es el viaje a unas tinieblas en las que medran los que no caen enfermos, la oscuridad en la que el poder lo detenta quien es “temerario sin valor, voraz sin audacia, cruel sin osadía”. Marlow se siente vagabundo “en medio de una tierra prehistórica, de una tierra que tenía el aspecto de un planeta desconocido”.

El libro está escrito magníficamente y logra envolverte en una bruma tenebrosa en el relato y encogerte el corazón. Un viaje al corazón de las tinieblas que gritará a Marlow su recuerdo: “¡Ah, el horror! ¡El horror!”

3 pensamientos en “El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

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