Libertad de prensa

El pasado 3 de Mayo se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que tiene también su entrada en la Wiki. Una entrada tirando a pobre si tenemos en cuenta la capacidad que se supone a los periodistas para sintetizar y divulgar y su tendencia demostrada a mirarse en el ombligo. Pero sea, así podemos enterarnos de que esto se celebra desde 1993, con la idea de “fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”. 

Y menos mal que está la Wiki, porque si nos atenemos a las celebraciones en España, se trataba de una concentración sindical en la que reclamaban mayor seguridad, mejor salario y más empleo, como si se fueran vulgares empleados de banca, quienes por cierto se concentran poco en la calle y mucho en la oficina, que es la mejor manera de no perder el trabajo. Poca autocrítica  y ningún golpe de pecho, nada que nos indique que han comprendido alguno de los pecados que han cometido para ser, hoy en España, la profesión que genera mayor desconfianza después de la política.

Ya no es sólo la mala gramática y las faltas de ortografía que te encuentras en portadas de periódicos centenarios como el ABC, no vayamos a ponernos tiquismiquis en un país de tan poca exigencia; ni la desolación que produce que un mismo hecho tenga conclusiones radicalmente diferentes en dos medios, aprovechando que la población esté suficientemente engorilada como para creérselo. No, son más cosas aunque no hay por qué decirlas todas. Es un telediario que dedica diez minutos en Julio para decirnos que hace calor, en el que nunca falta un accidente de coche en la provincia de Toledo y que presenta como tendencia de opinión lo que sale por el Twitter. Telediarios a los que solo les interesa el morbo, no la información, que nos enseña una sociedad llena de anormales sociales, del mismo modo que la prensa del corazón, por tener que compartir contenidos con carroñeros, putas y traficantes, extiende el campo de interés hacia otras vísceras menos nobles, y mezcla princesas y toreros con poligoneras y chulos. Y es que eso es hoy la información: simplemente espectáculo.

Entre el periodismo de opinión, esos tertulianos mendicantes que un día fueron buenos periodistas y hoy se arrastran de una emisora a otra para cubrir una cuota de partido, que se obligan a sí mismos a llenar tiempo de micrófono hablando de lo que no saben después de reconocerlo sin rubor. Directores de periódico sólo interesados en vender un ladrillo (que llaman libro, claro) o marujonas que conducen tertulias como podrían presentar un programa de cocina. Y en cuanto al periodismo de investigación, yo lo llamaría periodismo de crucifixión. Se retuercen los datos y el investigado pierde su reputación sin remedio mientras le persigue la jauría. Y ya cuando “no quieres dejar que la realidad te estropee un buen titular” es cuando Mercedes Milá enseña el culo en la tele.

¿Libertad de prensa? No parece que sea eso lo que falta. Los periodistas concentrados reclamaban seguridad y un buen salario. Lo que quieren es trabajar en la banca, aunque no sabemos si en la de un casino.

 

5 pensamientos en “Libertad de prensa

  1. Como dicen ahora, iba al hilo de la actualidad, de ayer y de hoy, qué pasado mañana vaya usted a saber qué será. Nos atropellan los titulares.

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