Invierno en Madrid

Y es que nos creemos que el invierno es solo diciembre y enero, pero no. El invierno llega hasta el 21 de marzo, o en todo caso hasta la semana Santa (incluida). Y hay años que dura hasta el 10 de junio, y ya te quitas el sayo y te pones el bikini. Esto último es un poco exageración, aunque tampoco va muy desencaminado el dicho aquel que dice que Madrid son nueve meses de invierno y tres de infierno.

Hay meses que no tienen estación o que la tienen confundida. Por ejemplo, septiembre. Tiene tan sólo 9 días que pertenecen al otoño, pero casi todo el mundo da por amortizado el verano desde el día 1. Algo parecido le pasa a noviembre, que es un mes invernal disfrazado de otoño (o al revés); o junio, ahí lo tienen: un mes plenamente veraniego que pertenece a la primavera en dos tercios de su calendario. Por no mencionar a febrero, que parece un mes en el que solo hace viento y, sin embargo, es un mes plenamente invernal. Las estaciones son unos fenómenos perfectamente científicos con los que la gente nunca está del todo de acuerdo.

Naturalmente, yo hablo fijándome en Madrid, que es donde vivo. Un coruñés, pongamos por caso, contaría otra cosa, pero yo lo que vengo a contar es que en Madrid tenemos un invierno y un verano muy marcados, y luego un otoño larguísimo en el que normalmente hace un frío que pela y una primavera en la que normalmente hace un calor asfixiante. Y seco todo, todo muy seco, algo que a mí me resulta maravilloso. O sea, que tenemos una climatología bipolar, sobria y sin demasiadas concesiones. También es verdad que en octubre o en abril pueden sucederse las cuatro estaciones a lo largo del día, e incluso caer algún chaparrón cuando al cielo le da por ponerse generoso. Y en realidad, se pone generoso consigo mismo, porque sabe que al día siguiente el azul, su azul, será limpio y optimista. Yo creo que los madrileños somos acogedores por la luz del cielo después de un día de viento o lluvia. Es un cielo que te avasalla y que te hace querer abrazar al mundo, especialmente en invierno. Esa luz…

Ayer nevó de todas las maneras posibles. Copos grandes que caían lentos como plumas, copillos dispersos que se movían por el aire como borrachos, copos medianos que, mezclados de lluvia, parecían tener prisa por llegar al suelo. Bailaban, corrían o volaban, pero al llegar a tierra desaparecían como avergonzados. Hoy también hemos tenido nuestra ración de nieve durante la jornada. En el sur de la ciudad, donde trabajo, copos grandes que no han cuajado y en el norte, que es donde vivo, copos menudos que han resistido y logrado sobrevivir en las aceras y en los árboles. Ya no queda nada, salvo una noche muy fría y llena de goterones. Mañana será otro día.

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