Retama, enebro y alameda

Tiene Alex Grijelmo un libro muy interesante, La seducción de las palabras, en el que dedica un capítulo a hablarnos del color y la textura de las letras, y en concreto de las vocales. De este capítulo extraigo el siguiente párrafo:

La letra i es tal vez el amarillo, palabra que la acoge además en su sílaba tónica, el amarillo de “genista” porque encajaría más a la retama el color blanco y a la genista el amarillo, siendo en realidad la misma planta, sinónimas en los diccionarios.

La retama y la genista es la misma planta y me enteré al leer a Grijelmo, y hoy he sabido que el enebro y el junípero son el mismo árbol. Hay que ver la de cosas que me quedan por descubrir en la vida. Y es que, por no saber, ni sabía que el junípero es un árbol. Junípero me sonaba de Fray Junípero Serra, el fraile de México, del que tampoco sé muchas cosas aparte del nombre y de que lo he confundido con Fray Gerundio de Campazas en una conversación de hace un par de horas con alguien que me ha corregido entre risas y del que he aprendido lo del junípero y el enebro.

Así es que junípero y enebro, menuda diferencia de sonidos para decir lo mismo. Enebro es una palabra mucho más poética y suena a atardeceres, a invierno y a frescor. Frescor como de ensalada. Junípero sin embargo suena a jarabe. Y a monje franciscano.

Sí que sabía que el chopo y el álamo son el mismo árbol. Por lo tanto, chopera y alameda son el mismo sitio. Pero lo que está al lado del viejo puente y del río es la alameda, eso seguro, limeña, déjame que te lo cuente. En una canción donde te encuentras palabras como lisura, canela, mixtura y vereda lo natural es acabar en la alameda. Y ni siquiera cantada por Chabuca Granda, con ese aire de que todo le da igual, uno puede imaginarse que va del puente a la chopera.

Y es que en el mundo de los sinónimos, no solo en el de las plantas, siempre te encuentras con el haz y el envés, y por eso Grijelmo dice que el sinónimo completo no existe, porque los sonidos de las palabras, y no sólo su significado, evocan las ideas. “El idioma no se inventa, se hereda, escribe el colombiano Fernando Vallejo”. Eso es.

 

 

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