Fernando Torres, «El Niño»: Mis mejores momentos viñeta a viñeta, de Fernando Torres y Jorge Crespo

fernando-torres-el-nin%cc%83o-libroOs recuerdo: soy madridista y tengo más de doce años. Y os lo recuerdo porque aquí me tenéis reseñando una autobiografía de Fernando Torres para niños ilustrada con viñetas de un colchonero que colabora en El Mundo Deportivo. Sí, yo también me he preguntado varias veces por qué, e incluso he llegado a decir en voz alta eso de «Señor, llévame pronto». Pero ya no lo diré más porque, una vez que me he tragado este petardo, creo que podré sobrevivir a todo y no es cosa de hacerle perder el tiempo a nadie, y menos a Dios.

En efecto, este es un libro para seguidores incondicionales del Atlético de Madrid, que es tanto como decir seguidores incondicionales de Fernando Torres. Un símbolo, un emblema, un modelo y el epítome y encarnación del club centenario. Un tipo que, si seguimos a Dani Martín en el prólogo, «tiene una luz que brilla con una fuerza característica». Nos quedamos sin saber si la característica es el Sol, el led de un semáforo o si es una luciérnaga hasta que en la primera viñeta nos aclaran que fue un rayo que, ¡fum!, entró en la sala de partos cuando él nació (sin que hubiera ventanas). Que sepan ustedes que si no abandoné el libro al leer esto es porque enseguida te explican que «ser del Atleti es caerse y levantarse y seguir luchando». Y yo no iba a ser menos, Hala Madrid. Lo que sí hice fue olvidarme de las viñetas y atender a los textos, que al menos tienen un pase.

Lo raro que tiene el mundo editorial no es que te encuentres con biografías de deportistas, sino que algunas de ellas estén escritas cuando el personaje sólo tiene veinticinco años. En nuestro caso «el niño» ya tiene treinta y dos, pero da igual: sigue sin tener gran cosa que contar. Claro que no sabría yo decir si es porque es del Atleti o a pesar de ello… Así que tratan de alargarlo empezando desde el nacimiento, que convierten en una peripecia casi sobrenatural, y luego siguen con las naderías: que a los dos años ya daba patadas a un balón (como cualquier niño), que a los cinco jugaba en un equipillo de barrio en Fuenlabrada (como cualquier niño de Fuenlabrada), que por ganar les daban una bolsa gigante de patatas fritas (como a cualquier niño sin miedo al sobrepeso), y que a los nueve le llevaron a visitar la sala de trofeos del Atlético (como a cualquier niño sin miedo… a nada). En fin, si consigues sobrevivir al relato de su infancia ya te queda menos para convertirte en seguidor del Atleti. Porque, amigos, la frase «ser del Atleti es caerse y seguir luchando» tiene un corolario que es el siguiente: «El resultado final no es lo único que cuenta». ¿Ya he dicho que el libro está escrito en primera persona? En fin, si lo de menos es el resultado, habrá que tararear a Sabina, que siempre viene bien:

Qué manera de aguantar, qué manera de sufrir, que manera de… escribir.

Algunas cositas se salvan, todo hay que decirlo. Cuando cuenta que le hizo seguidor del Atleti su abuelo y los capítulos en los que le recuerda con mucha ternura merecen un gran respeto. También algunas reflexiones sobre la fama, antes y después de tenerla, tienen su punto de curiosidad. Habla, claro, de su paso por el Liverpool, un club emblemático del que salió malamente, pero del que habla con cariño aunque rechazara tatuarse eso de You’ll never walk alone (me pregunto si llevará un tattoo que ponga «yo me voy al Manzanares»). Y sorprende la confesión cuando dice que si pudo progresar en sus inicios fue, probablemente, debido a que el Atleti estaba entonces en Segunda División. ¡Dios mío, espero que el Madrid se olvide cuanto antes de la cantera!

Otra de las cosas salvables es que elige bien las anécdotas, y esto lo digo sin ironía: cuando recuerda la compra de su primer neceser para su primer viaje con el equipo, o cuando pudo ir a un centro comercial con su familia a cenar sin que le conociera nadie después de su debut en el Calderón. Por cierto, sobre su familia, yo les agradezco que hayan evitado que su hijo se convierta en un cretino como tantos otros futbolistas. Ahora, que si no es mucho pedir, también les hubiera agradecido que le obligaran un poco más con la literatura.

La parte futbolística es de sobra conocida por cualquier aficionado, no digamos si eres del Atleti, y por eso creo que carece de interés, porque es algo que se puede encontrar en la Wiki o en cualquier periodicucho deportivo con ocasión de algún remate de cabeza que acabe en gol. Suponiendo que te interese un poco, claro. Mucho más jugoso, sin embargo, es cuando habla de sus peinados o de sus manías, o cuando te cuenta que se hizo delantero un día que se puso de portero y le saltaron los piños de un balonazo. Y desde luego te deja pensativa que un tipo que ha ganado dos Eurocopas, un Mundial y una Champions considere un triunfo haber salido en los Guiñoles, en 7 Vidas y en Torrente. Claro que si todavía no ha ganado una liga con el Atleti pensará que con algo similar tendrá que conformarse.

Con todo, debo decir que Fernando Torres es un chaval que cae bien (y no sólo sobre el césped, unas cincuenta veces en cada partido). Y si no te cae bien cambiarás de opinión cuando te habla de su colaboración con enfermos de ELA y sus labores solidarias en general. Se le nota bien nacido al leer su admiración hacia Luis Aragonés y también bien educado cuando es respetuoso, y hasta cariñoso, con otros jugadores, algunos de ellos madridistas emblemáticos. No así con Couto, que le hizo algunas entradas y se las devuelve en forma de capítulo yo creo que irrelevante. Y, en fin, lo que me confirma que es un tipo que tiene algo en la cabeza es cuando le leo decir esto sobre el Atleti: «Los clubes que prefieren el mal del adversario al bien propio viven muy a la sombra del éxito». Una enseñanza sabia, y no sólo futbolera, porque es aplicable en muchas otras cosas de la vida.

En fin, amiguito mío, si eres del Atleti y tienes menos de doce años, este es tu libro, no busques más. Eso sí, ya te advierto que igual encuentras las viñetas algo infantiles. Y si eres el padre, puedes comprárselo a tu hijo sin dudarlo porque sólo recibirá de él enseñanzas la mar de educativas y beatíficas: nada de drogas (Torres no es Maradona), ni de sexo (Torres no es De Gea), ni de alcohol (Torres no es Gascoigne), ni de oscuros chantajes (Torres no es Benzema), ni siquiera nada de cámaras isobáricas (Torres no es Raúl), ni, por supuesto, ninguna sofisticación fuera de lo corriente (¡Torres no es Beckham!). Y no temas, que no hay nada que temer: finalmente, ser del Atleti no es lo peor por lo que se puede sufrir en la vida.

Un libro para hinchas del Atleti, y en especial para admiradores de Fernando Torres, «El Niño», ilustrado con viñetas dialogadas. Ya viene coloreado.

 

Publiqué esta entrada, ligeramente adaptada, en El Buscalibros en junio de 2016

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