Parejas reprochables

Seguro que habéis coincidido con este tipo de parejas en alguna cena o en cualquier reunión social. Suelen aprovechar algún comentario de alguien en cualquier conversación sin importancia para reprocharse pequeños defectos personales, detalles domésticos que no le incumben a nadie o comportamientos de su vida en pareja que, fuera de ese ámbito, no tienen el menor interés.

Por ejemplo, alguien dice que ha terminado un libro y entonces uno de ellos salta con un huy, qué bien que tú lees, porque este no coge un libro ni aunque lo mates. O si alguien comenta que va a tirar unos zapatos entonces se descuelga con un mira, ya podías aprender, que tienes el armario lleno. Son unas parejas muy características, muy cargantes y, sobre todo, muy indiscretas.

Cuando es ella la que reprocha, él adopta el típico rol de marido calzonazos, baja la vista y aparenta cargar con una cruz muy pesada, aunque está encantado con el protagonismo. Y así nos enteramos de que duerme con calcetines y ronca con silbiditos, fiuu, fiuu, lleva mal lo de tirar los bastoncillos de las orejas a la basura y sólo se corta las uñas cuando ya no puede escribir en el móvil. Luego ya entramos en que el urólogo le aterra, y entonces nos reímos todos, ja, ja, el dedo por el culo y tal. Eso sí, es buenísimo con los niños y ayuda a recoger la mesa, aunque los domingos no puedes contar con él porque se va al campo y no aparece hasta las cuatro de la tarde.

El hace reproches de forma arrobada mientras la mira con mucho cariño para darnos el parte de sus minúsculas pendencias. Entonces sabemos que se acuesta con la cara llena de potingues – él dice potingues, para dejar constancia de su aversión a las cremas -, que cambia de perfume cada jueves, que es muy estricta con los niños y que no ha heredado el arte de hacer croquetas. A cambio, desde que dejó de fumar cogió algún kilito, pero está estupenda y nada nerviosa, ¿verdad, cariño?

En no pocas ocasiones, estos moscardones se desentienden de la conversación del resto del grupo para enzarzarse en una de sus estúpidas discusiones. En la refriega siempre encontramos algún ¿y tú, qué?, algún anda quién fue a hablar, y algún eso no me lo habías dicho nunca. También hay muchos no os creáis una sola palabra y varios mira que eres exagerado. O exagerada. La situación pasa de aburrimiento infinito a trance desagradable cuando empiezan a criticar a sus respectivas familias políticas…

Estas parejas, cuando sus hijos eran pequeños, daban el coñazo hablando todo el rato de sus niños. Que si tiene tal enfermedad, que si ha hecho esta monería, que si lo llevo a tal sitio, que si sus amiguitos son no sé cómo. O sea, que los venías venir, aunque por separado. Ahora sus hijos han crecido y hablar de ellos ya es imposible, porque apenas les ven el pelo. Y no me extraña, porque soportar a estos pesados más de una hora debe de constituir algo peor que una tortura japonesa…

El horror, el horror.

8 pensamientos en “Parejas reprochables

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