El vecino espía

Conste que tengo dudas todavía sobre si debo o no escribir este post. Tal vez la CIA ya se haya olvidado de mí y de mi dirección o tal vez no, y vengan a mi casa a pedirme explicaciones. Y me da la sensación de la CIA, pidiendo explicaciones, no es de muy buen conformar. O sí, no sé, que tampoco conozco a nadie de la CIA.

Verán, se trata del piso de enfrente, mirando por el patio. Yo no sé quién entra ni sale en esa casa, porque tenemos ascensores diferentes y su puerta está separada de la mía por el rellano de una escalera y un montacargas. Yo empecé a darme cuenta en verano, cuando se duerme con las ventanas bien abiertas para que entre algo de aire. En medio de una noche de insomnio, el zumbido de la lavadora y te dices que vaya horas. Y en medio de otra noche, en la que te despiertas para ir al baño y medio dormida ves toda su casa encendida, y él que va y viene con cacharros, del pasillo al salón y del salón al pasillo, todas las ventanas abiertas, todo con mucho sigilo. Y no le das importancia pero se repite la escena otras noches, quizá todas, tú no lo sabes, porque tampoco te levantas todas las noches.  Y ya te pica la curiosidad y te fijas y te das cuenta de que sólo por las noches sube las persianas, que permanecen cerradas durante el día. Y así hasta que llega el invierno y tras los visillos observas la misma pauta. Es un tipo alto, con pinta de extranjero. Es extranjero.

Total, que decidí que era un espía de la CIA. Y no me pregunten por qué, pero decidí que era espía. Y así he vivido mucho tiempo, convencida de compartir vecindad con un espía. Pero un espía bueno. O eso quise pensar.

Le pregunté con disimulo al portero, distraída, como de paso, como quien no quiere la cosa. Y bien orgullosa que estoy de que no se me notara que estaba sonsacándole información y que él no se diera cuenta mientras me daba los datos que necesitaba. Así es que me enteré de que no vivía solo el hombre, sino que también había una mujer a quien yo no había visto jamás. Hum. Y que ella trabajaba en la embajada americana. ¿Alguien necesita más pruebas?

Y es que yo sería una magnífica espía si no tuviera tan mala memoria. Bueno, por la memoria y porque obtuve toda la información ayer, o sea, unos quince meses después de que el supuesto espía y su señora se volvieran a su país y dejaran de ser mis vecinos…

12 pensamientos en “El vecino espía

  1. El que espía a un espía su pecado expía (creo que era así el refrán).

    A lo mejor escapó del país en el mismo momento en que se sintió descubierto.
    A lo mejor has salvado a la patria de complot gordísimo y no lo sabes.
    Que te impongan una medalla preventiva.

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  2. ¿Ya se ha vuelto a su país? ¡Vaya!, justo ahora que tenías tema para una saga o, quién sabe, para abrir otro blog.

    Con todo -no te ofendas- muy espía no eres tú, ¿no? Tanto trajín del pasillo al salón y del salón al pasillo … ¿para qué? No nos cuentas qué tipo de enseres transportaba.

    ¿No te lo habrás inventado? ¿No será ésta la reseña de un nuevo libro de ese Club de Lectura? O, vamos más allá, ¿no habrás empezado a escribir una novela negra?

    “Me levanté para ir al baño como hacemos todas en las noches de verano y allí estaba él, con todas las luces de la casa encendidas y trajinando del pasillo al salón y del salón al pasillo …” Tiene buena pinta 😉

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