Caras

… El color de su cara era como el del hierro puesto al rojo, muy semejante al de las monedas de cobre de cinco kopeks. Ya se sabe que en el mundo hay muchas caras como ésa, que la Naturaleza forjó sin pensarlo mucho, sin recurrir a herramientas delicadas como la lima, el punzón y demás, sino que las hizo a hachazos: descargó un hachazo y salió la nariz, de otro salieron los labios, con una barrena gruesa le taladró los ojos y, sin entretenerse en pulir su obra, la lanzó al mundo diciendo: ¡Vive!

… Iván Antónovich parecía tener muy cumplidos los cuarenta; su cabello era negro y espeso; todo el centro de su cara adelantaba para formar la nariz, era, en una palabra, lo que se suele conocer como «cara de jarro»…

… Hay que decir que sus compañeros de oficina se distinguían por su fealdad y su aspecto desaliñado. Sus caras parecían a un pan mal cocido: un carrillo les abultaba por un lado, el mentón tiraba por otro, el labio superior les colgaba como una ampolla que, para colmo, se hubiese rajado; en una palabra, eran lo que se dice feos de remate…

Páginas 122, 190 y 312 de Almas muertas, de Nikolai Gógol

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