Nieve y pañales

Dos veces me he quedado tirada con el coche por culpa de la nieve y las dos veces fue por culpa mía. En ninguna de las dos ocasiones me salvó la Guardia Civil, o los de la UME, sino mi amigo Carolo y un buen señor que pasaba con un 4×4 y que me remolcó, respectivamente. En una de las ocasiones llevaba cadenas, pero aunque en la gasolinera me dijeron que ensayara para saber ponerlas no hice caso. Luego, con la oscuridad (no llevaba una miserable linterna) y el frío, las puse mal y se rompieron a los dos metros de rodada. En la segunda ocasión, ni siquiera llevaba cadenas.

En las dos ocasiones iba a esquiar, era pleno mes de enero y subía por una carretera local. Las dos veces estaba informada del mal tiempo que haría. Las dos veces era de noche y tarde para que pasara una quitanieves.

Las dos veces corrí un riesgo sabiendo que lo corría.

Las dos veces pasé un mal rato.

En estas dos ocasiones no había ni mucho menos unos telediarios que abren sus noticias dedicando cerca de 20 minutos al tiempo si es un poco extremo, además del programa especial de cuarenta  minutos que ponen después.  Entonces no había alertas naranjas, ni amarillas, ni avisaban de nada. Si querías saber qué tiempo haría, tenías que buscarte tú la información, y aun así fallaba más que una escopeta de feria.

De todas estas personas que se han quedado bloqueadas en las carreteras por la nieve este sábado, yo supongo que podría llegar a comprender a algunas, e incluso podría sentirlo por ellas. Pero en general tengo muchos peros. El primero es que no pueden decir que no lo sabían: aparte de los avisos desde el miércoles, todo madrileño sabe que su cielo azul no es una bendición de Dios, sino de la sierra que tenemos al norte, con puertas como los túneles de Guadarrama y Somosierra. El segundo es que una carretera, cualquier carretera, con las condiciones anunciadas, aquí y en Suiza, es peligrosa, y no pueden controlar que a alguno se le vaya el coche y bloquee la carretera. Y el tercero es que se podían equipar (cadenas, linterna, agua, bocadillos). Oír a una señora lamentarse de que no llevaba pañales en el coche (¿te metes con un bebe de noche en carretera con aviso de nieve? ¿really?), o a un tipo quejarse de la Guardia Civil por no pararse a escuchar cómo llora un padre amantísimo de sus hijos (llevaba dos en el coche, de uno y tres años) me produce un ataque incontrolado de contra-empatía que no puedo remediar. Y ya cuando oigo a los políticos me pongo roja por el alipori, vulgo vergüenza ajena.

Un adulto toma sus decisiones evaluando los riesgos, la probabilidad de ocurrencia y el impacto de sus consecuencias. Un niño, especialmente los malcriados, no, porque para eso está papá, lo que explica que sea un niño malcriado.

Si quedarse sin gasolina es la avería de los tontos, quedarse tirado por la nieve es la avería de los imprudentes. En España, además de imprudentes, quejicas.

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