Dicen

En el mismo punto y hora que acabó con Pepe Mora, doña Aurora sobre el pelo no se puso ni una flor. Y su patio de cal pura, un convento de clausura y una cárcel con cerrojos para el luto de su amor.

Dicen que lleva un velo sobre el semblante. Dicen que si habla sola de madrugá. Dicen que en sus ojazos como diamantes brilla una luz extraña de oscuridad. Y Sevilla a todas horas cuenta, canta, y mire usted que está blanca doña Aurora, lo mismito que el papel. Dicen que llora y llora por su querer.

Se ha casado Pepe Mora y, al momento, doña Aurora los vestidos de esponsales desentierra del arcón. Y de novia y con mantilla por las calles de Sevilla va una pena pregonando que ha perdido la razón.

Dicen que eran dos ascuas sus ojos moros. Dicen que, con un aire de majestad, dicen fue repartiendo monedas de oro desde una punta a otra de la ciudad. Y a su paso los chiquillos, para burla de su amor, le tiraban papelillos y a puñaos el arroz.

Dicen que era una pena ver su dolor.

 

 

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