El búho desafiante

Buho plástico antipalomasSí, esto que ven a su derecha es lo que parece: un búho de plástico. Y sí, estoy completamente de acuerdo con vds: es espantoso. Y ahora viene la confesión: la foto está realizada en la terraza de mi casa.

Verán, yo les aseguro que soy una persona con buen gusto y que tengo una casa que, vale, puede que no sea lujosa y moderna, y puede que tenga que penar con algún detalle familiar pleistocénico (de esos de los que nadie puede librarse), pero desde luego tiene una decoración discreta, amigable y, sobre todo, libre de estridencias. Después de lo anterior vds se preguntarán cómo es posible que haya puesto esa horterada en la terraza. Y yo se lo voy a explicar en cuanto acabe este párrafo.

Verán, la culpa es de las palomas. Curra no da para más: las muy lagartas se han dado cuenta de que es inofensiva y que podían usar sus ladridos para bailar un chotis, y me tenían la terraza literalmente llena de cagarrutas. En fin, yo no uso la terraza para gran cosa, pero desde luego descarto que se convierta en un retrete de urgencia para palomas cuando van de camino a la azotea del edificio, así es que el búho ha sido la solución.

Reconozco que cuando mi hermana apareció con el búho en casa, me entró la risa y pensé que todo era una de sus chaladuras. Pero luego mi madre me tranquilizó:

– No, no, no es cosa de tu hermana: tu cuñado dice que son eficaces y que sí funcionan: ya ha puesto dos en el jardín…

No se hable más, porque si es verdad que esta hermana mía hace cosas rarísimas, mi cuñado por el contrario es un hombre cabal, juicioso y poco amigo de frivolidades. Así es que ahí tienen al heroico guardián anti-cagarrutas, al que llamamos Olegario, que es nombre contundente, ensartado en un palo hueco y mirando desafiante a las palomas invasoras. No teníamos a mano una majestuosa cinta de cetrería y por eso le hemos puesto una negra de dobladillo, pero no nos parece que ese detalle aminore su capacidad de disuasión frente a la diarrea permanente de esas brujas: si no se dan cuenta de que Olegario es de plástico, tampoco creo que reparen en que si lo atamos no es para evitar que emprenda el vuelo, sino para que no se caiga al suelo al primer golpe de aire.

No descarto que esta historia termine con la porquería chorreando por la cabeza del búho: sólo me queda esperar que la estupidez de las palomas supere su descaro. Y, sobre todo, su incontinencia.

14 pensamientos en “El búho desafiante

  1. Las ratas del aire acabarán descubriendo que Olegario no ha ce nada. Son asquerosas. Aquí en la sierra están viniendo a bandadas y parecen pollos, enormes todo el día comiendo y sin depredadores.
    Besazo

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  2. Olegario fué adquirido en Fronda, establecimiento petulante, pretencioso y pseudo-pijo donde se pueden encontrar este tipo de cosas. Hay dos tallas, Ole corresponde a la pequeña. Mi madre y Curra están muy contentas con sus servicios y escaso mantenimiento.

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