Noblesse oblige

Si noblesse oblige, entonces no es de recibo disparar contra civiles desarmados que van en un barco a romper un bloqueo, eso es un disparate y una salvajada. Pero si noblesse oblige, tampoco parece de recibo que tus intereses (intereses, no ideales) te los tengan que defender civiles desarmados en un barco, cuando sabes que enfrente tienes un ejército que nunca duda.

La nobleza de ciertos se resume en la Marcha Verde hacia el Sahara en 1975. Y también en la estampa del que corre hacia el periodista con el niño herido en brazos, en vez de acudir directamente al hospital. Es la noblesse del dirigente que esconde armas en escuelas y mezquitas. Es la noblesse del que sabe que no tiene opinión pública de la que preocuparse y que utiliza sin piedad a civiles como carne de cañón.

Sí, hay desproporción. Una gran desproporción entre el mundo libre y el fanático. El mundo libre envía al ejército a luchar y se prepara para enfrentarse a la opinión pública, no siempre por este orden. El fanático, impune, envía mujeres al mercado con un cinturón bomba disimulado bajo el burka, o deja mochilas infames en unos trenes de Madrid.

Y el periodista, en su simpleza catódica, nos cuenta una de buenos y malos, cuando en realidad la película va de listos y tontos. Los listos son los que andan a botellazos, y los tontos los que andan a tientas buscando como vivir mejor.

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