La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

IMG_2425Así es que venía David Foenkinos a Madrid a presentar su último libro y una buena amiga, fan como yo de este autor, me avisó y al consulado francés en Madrid que nos fuimos a escucharlo. Y a que nos firmara un ejemplar.

La biblioteca de los libros rechazados es el título en español del libro que en Francia se llama Le mystère Henri Pick (el misterio Henri Pick), y Foenkinos nos dio la explicación de la diferencia de títulos. Resulta que el título en español es el que él le dio originalmente, pero al parecer había en Francia un libro con un título similar y su editorial allí le aconsejó cambiarle el nombre. Y yo que iba con la intención de preguntarle cómo ha permitido que la editorial española le cambie el nombre al libro, me tuve que guardar la pregunta (y la indignación) en el bolso.

El libro arranca a partir de la historia de Richard Brautigan, un escritor americano, que imaginó en una novela suya, The abortion, una biblioteca a la que fueran a parar todos los manuscritos rechazados por las editoriales y no publicados. Un lector de Brautigan, años después del suicidio del escritor, llevó la idea a la realidad creando una Brautigan Library. Esta historia es real, según nos contó Foenkinos, y él a su vez la conoció por la mención que hace de ella Vila-Matas en su Bartleby.

A partir de la historia de la Brautigan Library arranca el libro. Jean Pierre Gourvec, un bibliotecario de Crozon, en Bretaña, conoce la historia de Brautigan y decide crear una biblioteca similar en Francia. Con el paso de los años esta biblioteca languidece, hasta que una joven editora que vive en un pueblo cercano encuentra en la biblioteca el manuscrito de una novela fascinante, escrita por… Henri Pick, el pizzero del pueblo. Ya se pueden imaginar el revuelo que se monta. Y es que importa no sólo la novela, sino “la historia que hay detrás de la novela”, que no es ni más ni menos que el misterio de un hombre tosco, silencioso, que no ha escrito nunca nada en su vida, y que sin embargo es capaz de componer una novela maravillosa. Y sobre este misterio, Foenkinos monta una intriga que no se desvelará hasta el epílogo, cuatro páginas antes de terminar la novela.

Los que siguen este blog saben que me gusta mucho este autor francés, del que he leído varios libros. Tiene una prosa sencilla y eso es dificilísimo de conseguir, y nos la regala contándonos historias en las que siempre encuentras ternura, amabilidad y buen humor, intercalando frases que son como latigazos a veces de ironía, a veces de reflexión, que casi siempre te sacan una sonrisa.

Con el tono de cutis y el peinado nuevos, y aquel traje de chaqueta salido de las profundidades del vestidor, le costó reconocerse. Frente al espejo, habría sido capaz de llamarse de usted.

Escribir para uno mismo sería como hacer el equipaje para no marcharse

Paulatinamente se olvidarían de él; se convertiría en un nombre de los que se quedan en la punta de la lengua.

 

Y Foenkinos es como te lo imaginas, o sea, como escribe: simpático, amable, cercano y un encanto. Yo me había leído a toda velocidad el libro en digital, y me fui de allí con un ejemplar en papel firmado. Y con la “tarea” de leer Charlotte, un libro que no es exactamente el Foenkinos que conocemos, sino otra cosa y del que habló en su presentación casi más que del libro que había venido a presentar. Y si un autor te dice que esa es su mejor obra, habrá que hacerle caso. Sea pues.