Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler

caniones a quemarropaPrimero de mes, toca post del libro del Club de Lectura. También conocido como club de Tortura, sobrenombre que empieza a venirle corto. Como corto va a ser el veredicto, que se lo hago en una frase: Miren, no se lo lean, no vale la pena. No se lo lean porque este libro, no tengo ninguna duda, tendrá ya vendidos los derechos para que hagan un telefilme de mierda que luego ustedes se encontrarán cualquier domingo a la hora de la siesta en Antena 3, Telecinco o en cualquier canal de televisión hortera y de baratillo que sintonizarán para que cubra de rumor sus dulces sueños. Así es que no pierdan su tiempo y su dinero leyendo esta bazofia: aficiónense a la siesta y matarán dos pájaros de un tiro.

Canciones de amor a quemarropa cuenta la historia de un grupo de amigos de un pueblo perdido en Winsconsin, un pueblo de mierda, en donde hace un frío de pelotas en invierno y en el que no hay nada que hacer más que cotillear y ordeñar alguna que otra vaca, además de pasar el tiempo viviendo una vida que te hace pensar que Dios, el quinto día, creó la marihuana para fumarse un peta el sexto día de trabajo. La historia sobre la vida absurda y estúpida de estos ñoños nos la van contando los cinco por turnos. Los capítulos van entonces nombrados con la inicial del nombre de cada uno: Kim, Lee, Beth, Harry y Ronnie, escriben capítulos nombrados como K, L, B, H y R. Como verán, es un detalle originalísimo. Es lo que tiene la literatura de BurgerKing: ponen esas cosas para que la gente pueda decir que el libro le ha dado que pensar.

¿Conocen ustedes la película Fargo? Bueno, pues estos amigos son como la policía y su marido. Mismo rollo americanos de la América insustancial, aburrida y sin el menor interés, de vocabulario escaso e ideas cortas. Dos de ellos se casaron y no han salido del pueblo más que para ir al pueblo de al lado. Otro se hizo rico en Chicago en la bolsa de futuros y luego vuelve al pueblo para rebozarse en el terruño y sentirse amapola; hay otro que se alcoholizó montando vacas en rodeos hasta que se dio un porrazo que le dejó idiotizado perdido. Y el último es un cantante como de música country que ha tenido mucho éxito y que una se imagina como un plasta con una guitarra dando mucho el coñazo y cantando bobadas muy sentidas, con su guitarra, siempre con su guitarra, lalalaaa. Y el libro cuenta la historia de todos ellos, sus relaciones, sus historias infantiloides y absurdas y sus rollos imbéciles que no interesan a nadie. Los personajes son previsibles e imaginados para lectores adolescentes, el estilo no puede ser más cargante, pastoso, cursi y vulgar, y los cambios de narrador sólo sirven para constatar la falta de talento del autor, una verdadera piltrafa.

La historia no puedo decirles de qué va porque no me he enterado, no he encontrado algo que me interesara un poco. Te van contando sus pequeñas batallitas de pandilla de pueblo, todo muy de andar por casa, sin ninguna intriga, ni el menor interés, sin que la historia camine hacia ningún sitio. Y miren, ayer al acostarme estaba al 70%, y podría haber hecho un esfuerzo, pero consideré que ya llevaba bastante: hay mucho para leer como para perder el tiempo con estas bazofias, literatura de supermercado, libros de baratija, infames mierdas escritas única y exclusivamente para que alguien compre los derechos y haga una película, mamarrachos que ni escriben, ni imaginan, ni inventan, ni hacen soñar, ni distraen, ni sirven para otra cosa que para rellenar estanterías. Si estaba hasta la pinza al 70%, el último tercio de libro no iba a arreglar nada y opté por leer otra cosa, que la vida es corta y la literatura amplia.

Y como para gustos los colores, ahí les dejo, como cada mes, los enlaces para que lean otras opiniones. Las encontrarán en La mesa cero del BlascoDelenda est CarthagoLa originalidad perdida y en el blog de Bichejo. Y a lo largo del mes, en el blog del club o escuchando nuestra tertulia en nuestro podcast (que tenéis señalado en un apartado en la columna derecha de este blog). Y hasta el mes que viene, a ver si hay algo más de suerte.