Diez días de Julio, de Esteban Navarro

diez dias de julioSi van navegando por internet y por azar entran en Amazón, y van y se topan con este libro por menos de un euro, no lo duden ni  medio segundo: no lo compren.  O si deciden no hacerme caso y al final lo compran, entonces mi consejo es que lo reserven para el verano: en vez de hacer crucigramas a la hora de la siesta, pueden dedicarse a encontrar las faltas de ortografía, los errores de concordancia, las descripciones repetidas o incluso coleccionar las comas que sobran.

Tengo un enorme respeto por los escritores y por todos aquellos que logran escribir una novela. Tener la imaginación para inventarla, la paciencia para componerla y el esfuerzo de escribirla me parece algo titánico, o al menos, algo que no está al alcance de cualquiera, no desde luego a mi alcance.  Yo comprendo que no todos los que escriben novelas pueden ser grandes escritores, y que de esos hay en realidad muy pocos. Yo lo comparo con el tenis: quien más y quien menos juega, puede estar federado e incluso jugar en campeonatos. Pero Nadal sólo hay uno. Pues esto de las novelas es similar: no se puede pedir que todos los que publican sean García Marquez (DEP, por cierto), pero en el caso de este autor, la falta de oficio o probablemente de un buen consejo profesional (el libro está autoeditado en Kindle) es palmario.

En esta novela sucede un extraño asesinato y un inspector de policía bastante torpe queda encargado por el comisario para resolver el crimen. La historia no está mal, y tiene su intriga, aunque se hace pesadísimo porque racapitula aproximadamente cada dos páginas. De hecho, si no es por la curiosidad, hubiera abandonado el libro en el segundo o tercer capítulo, pero me he quedado hasta el final para ver quién era el asesino, aunque la trama se va enrevesando hasta hacerse algo ridícula. Y mientras, he sufrido, he sufrido.

Aparte de que que el autor se repite como el ajo, el libro está escrito de forma muy descuidada. Es como si en las galeradas el autor se hubiera dedicado a dormir la siesta. Bueno, no creo que haya revisado el libro, ahora que lo pienso. Pero hay cositas que no son sólo descuidos de una escritura atropellada (por no decir algo más serio). Leer que “cualquier abogado de tres al cuarto desmantelaría esa acusación y la derrumbaría como un castillo de naipes azuzado por una tormenta tropical” es para tirar el Kindle por la ventana. O leer “Anda, Simón, ves a tu casa a dormir” o “tengo la grabación – le digo – te gravé cuando hablaste conmigo…” es para pensar seriamente en cortarse las venas.

Los personajes no están cuidados y además, el autor se empeña en transcribir diálogos irrelevantes entre ellos, conversaciones que son relleno de paja y que no aportan nada al texto, ni a la trama, ni al espíritu. La novela está escrita en presente de indicativo, y no estoy segura de que el autor haya querido dotar al libro de un efecto de estilo original para ir leyendo la mente del inspector, sino que para componer un relato en pasado, este hombre escribe como habla: mal.

En fin, una mierda de libro. Luego no me digan que no les avisé.