¿Conciliación?

Una sucesión de tuits contaba esta historia:

Algo curioso. Una señora farmacéutica contrata a otra señora para las guardias. Esta señora decide q quiere tener hijos, y comienza a … intentarlo, con inseminaciones, 3 intentos durante los cuales está de baja. Hasta que logra quedarse embarazada, con lo q sigue de baja… además dice, que cuando pase la baja maternal piensa quedarse otra vez embarazada, la farmacéutica jefa paga la mitad de la baja… Pues bien, agotada la señora jefa empresaria y sin dinero para contratar a otra persona pide no tener guardias, y se lo conceden… Pero el problema es que se trata de la única farmacia del pueblo, por lo cual 3000 personas quedan sin farmacia de guardia y quieren linchar …. A la empresaria farmacéutica q puya [pilla] depresión, lo malo es q si se da de baja a ella no le pagan nada, así q traga y continúa. afirmando… que cuando la otra se reincorpore la despedirá y volverá a haber guardias, eso si, volverá a quedar mal por despedir a una madre… El mundo a veces es muy complicado, la historia es real y a mi por lo menos me da a entender que nada es blanco o negro” @Raven_neo

Desde luego, nada es blanco o negro. Pero hay veces en que las cosas son más negras que blancas. Y en este caso en concreto, lo más probable es que la farmacéutica contrate a un hombre… Y así, muchas mujeres muy bien preparadas, trabajadoras, con talento, con ganas y ambición, se quedarán por el camino porque alguien temerá encontrarse con una pesadilla como esta si la contratan. Los derechos son derechos hasta que se retuercen, y los llamados avances sociales se pueden convertir perfectamente en retrocesos para la parte de la sociedad a los que iban dirigidos. Sí que es algo curioso.

Un embarazo no es una enfermedad. La baja por maternidad es la única baja que se puede prever y anticipar con el tiempo suficiente para que cause el menor descalabro en una empresa. Y una vez el niño viene al mundo, esa familia que ha decidido tener hijos deberá organizarse. Y organizarse es elegir, del mismo modo que se eligen muchas otras cosas en la vida, no sólo ésta. Y ese asunto es privado, allá cómo lo resuelva cada cual. Si decides irte a vivir a 70 kilómetros de tu lugar de trabajo, no pidas a la empresa o al Estado que te subvencione la gasolina o que te compense por el tiempo que pierdes cada día en el tren. Hay problemas privados que sobrevienen de elecciones privadas. Asumirlo es un acto de madurez y cualquier otra cosa es una anormalidad social.

Al lado de esta señora que decide, privadamente, que los demás le paguemos sus dificultades para embarazarse y todo lo que le ronda, porque está en su derecho – pero sobre todo porque le da la gana -, hay muchas mujeres que han estado con su bombo yendo a trabajar hasta el día que rompen aguas. Que han sacrificado carreras y sueldos por buscar trabajos que les permitieran criar a sus hijos y no perder el tren del mundo laboral al mismo tiempo. Y que luchan porque, en un futuro, no haya que chocar contra un muro que a veces algunas de nosotras levantamos con la indolencia, la cara dura y con una protección muy mal entendida. Porque no vale todo. Los vagos son los peores enemigos de los trabajadores. Y muchas mujeres son las peores enemigas de cualquier ambición que puedan tener otras mujeres.

¿Techo de cristal? Sí, y suelo de barro.