La añagaza de los JJOO

Leía hoy un artículo a doble página en Expansión dedicado al interés económico de los JJOO. El asunto es tratado en los diarios generales con unas dosis de propaganda y babeo que me enervan un poco, y aunque el artículo del diario tampoco es como para tirar cohetes, al menos se habla de pasta y de interés económico, que es lo que me parece que importa de este asunto. Y no es porque me quiera parecer a Rajoy, quien ya sabemos que únicamente está concentrado en la economía, sino porque la deuda generada la voy a pagar yo con los impuestos que me confisca Montoro todos los meses.

Les pongo el link (CLICK) para que lloren si es menester. Así es que llevamos 10 años haciendo el indio y todavía en este asuntillo hay que hacer inversiones por 1.500 millones a los que habrá que sumar un gasto de 2.500 durante los Juegos. Una ganga, nos dicen, porque las otras candidaturas costarán más. Es un argumento pelotudo, sin duda, pero a continuación me dicen que el 80% de las instalaciones y el 90% de las infraestructuras están ya realizadas, y que se lleva invirtiendo desde 2005. ¿Y cuánto es eso? No lo busquen, porque ni se sabe. Y a lo que parece, a nadie le importa, que a burro muerto, la cebada al rabo. Lo que sí se sabe es que la ciudad de Madrid arrastra una deuda de 7.500 millones, aunque no es sólo por los Juegos, que también hubo que cambiar la estatua de Colón de sitio.

Por lo visto, es una oportunidad. Nadie dice que sea una oportunidad ahorrar dinero (concretamente 4.000 millones) e invertirlos en otra cosa (¿En pagar deuda? Es una idea…), sino que va a haber un retorno en imagen, atracción turística y construiremos cositas. Una potencia turística que vive el estallido de una burbuja de construcción y obra pública fía sus ganancias precisamente a eso (ganancias supongo marginales, puesto que habrá que descontar lo que se obtendría no haciendo nada). Pero sea, me concentro, confío y me lo creo, y acepto como buenos los ingresos que calculan: 3.500 millones. Ya vamos mal, aunque la pregunta de fondo es:  ¿cuál es el valor que hay que hacer retornar? Porque yo no entiendo que se pueda calcular una rentabilidad sin saber exactamente cuánto se ha invertido. Y suponiendo que alguien sepa cuál es el valor de la inversión (algún marciano, no sé), ¿Hablamos de un retorno a 7 años o a 15, que es lo que llevaremos en 2020 con la tontería? No se sabe. Como siempre que tratamos de dinero público, la falta de rigor solo es superada por la falta de vergüenza.

En su libro La paradoja del bronce, Manuel Conthe nos dice que es muy corriente que, ante las bajadas en bolsa, la gente espere para vender, porque tiene la esperanza de que el valor rebote y poder recuperar algo. Y también es muy corriente que, en los grandes proyectos, se continúe adelante aunque el plan de negocio ya se haya ido a hacer puñetas con el único argumento de “ya que hemos gastado tanto“. En ambos casos, es una imbecilidad, porque si paras, al menos tienes la certeza lo que estás tirando. En el caso de los JJOO, ni siquiera sabemos eso…

El argumento que más me gusta, sin embargo, es el de la ilusión. Esa oleada de optimismo, de autoconfianza, de alegría e ilusión que es lo que necesitamos para salir de la crisis. Ah, y no olviden que estaremos unidos. Todo esto sucederá la próxima semana y luego ya en 2020. En mi opinión, para conseguir todo eso bastaría con no tener que vivir cada día con los bárcenas, urdangarines, Lanzas, ERES, griñanes y campeones, y no leer cómo se despilfarra en 17 mierdigobiernitos y nazionalidades que nos empobrecen cada día. Se ve que, para acabar con eso, no encuentran la forma de hacer alguna inversión.

Con todo, y si me permiten la broma, casi que prefiero que nos otorguen los juegos. Porque si no, estos gobernantes tan contumaces (y tan ridículos) son capaces de presentarse al 2024… Y es que de ilusión también se vive, oigan, y tan bien se vive.