Farolas de luciferina

Leo que el pasado mes de Abril, unos científicos americanos (el periódico les llama creadores) han tenido una idea brillante: crear unas plantas fluorescentes que brillen mucho en la oscuridad, para así ahorrar luz eléctrica. ¿Ven cómo  es brillante? Glowing plant, se llama el proyecto. Esto no lo hacen porque haga bonito, sino porque así se reduce la cantidad de dióxido de carbono que las lámparas, farolas y, en general, toda la iluminación nocturna, emite a la atmósfera. No crean que me he enterado de mucho más, porque el artículo se ponía luego a hablar de ADN, de biología sintética, de moléculas, de genes, de inyecciones y de mezclas insensatas de sustancias raras, y me he perdido. Pero vaya, créanselo: en un futuro, en vez de farolas, en nuestras calles tendremos acacias inyectadas con una cosa que se llama luciferina, que parece ser la responsable de esta maravilla y con cuyo nombre no voy a hacer ningún chiste, aunque la cercanía con Lucifer sea muy tentadora.

Por supuesto, y como siempre que alguien tiene una idea, sea buena o mala, hay quien se opone, pero los inventores dicen que no hay problema y que van a hacer esas plantas monstruosas con absoluta seguridad. Y se avienen a dos razones: que no serán invasivas y que no les inyectarán ningún gen con ventajas evolutivas. Y yo, después de estas garantías, ya no me opongo, porque me dejan tranquilísima: Ninguna de esas plantas aparecerá de pronto en medio de un pinar, sino que  se quedarán en el lugar donde las han plantado quietecitas, sin capacidad alguna de agredir ni siquiera al pobre geranio del balcón, que no brilla gran cosa pero que decora perfectamente.

Ya les digo que no me he enterado de nada, pero me he leído el artículo completo, no crean, porque sigo teniendo algunas preguntillas que tienen su importancia. Lo primero es si esas plantas serán bien distinguibles de día. Hombre, yo lo digo porque imaginen que las confunden con una lechuga y van y se la comen. Figúrense el espectáculo de luz que puede salir de sus ojos. Bueno, y de su cuerpo. Y otra de las preguntas que me asalta, y que es muy seria, es qué hacemos si queremos apagar la planta. Porque está muy bien poner una glowing plant en la mesilla, pero no veo cómo la podríamos apagar si no es poniéndole un capuchón.

Realmente, los que peor lo van a llevar son los pájaros. En ellos no han pensado. Aunque casi mejor, porque se inventarían un proceso genético para quitarles los párpados, que total pa’ qué, dirán con lógica luciferina. En cuanto a nosotros, humanos, sólo nos queda aprovechar los pocos ratos de oscuridad que nos quedan para tener, si vienen mal dadas, un buen recuerdo de aquellas noches claras de inquietos luceros, y acostumbrarnos a que, bajo la luz de las velas, ya nadie nos dirá eso de “qué bonitos ojos tienes”, sino “hay que ver cómo molan tus gafas de sol”.