El otro

– Yo es que soy muy diferente en el trabajo.

Esta frase, o una variación (yo cuando estoy con mis hijos me convierto en una persona muy diferente), se oye mucho por el mundo. Y a mí siempre me ha parecido una perfecta majadería. O quizá no me lo ha parecido siempre, e incluso es posible que yo lo haya dicho alguna vez. Ustedes me lo van a perdonar y si no, aténganse a las consecuencias: yo fuera del blog soy muy recorosa.

Salvo en casos diagnosticados de trastorno de personalidad, cada uno es uno y nada más que uno. Está claro que tú no te vas a emborrachar como un piojo delante de tus hijos o de tus padres, pero esto lo único que me demuestra es que eres una persona cauta, prudente, responsable, o incluso temerosa del bofetón que te puede soltar tu progenitor, pero no que sólo seas juerguista en días alternos. Es como si dices que sólo llevas pijama cuando duermes: anda, pues claro. Pero que no beses amorosamente a tu jefe no te convierte en un ríspido, es sencillamente que no le amas como para eso. Quiero decir que si eres una persona resolutiva, lo serás y lo demostrarás en cualquier circunstancia que te permita ser resolutivo. Un caso práctico: si estás en el zoo mirando cómo rumian los ñus, pues no parece que tengas muchos motivos para resolver nada, pero si tu acompañante lleva un pantalón de color lechuga y de pronto ves que el ñu se le acerca a la pernera con ojos golositos, tu capacidad de resolución se activará al instante y o le pegarás una patada al ñu, o empujarás a tu amigo para que el ñu no lo devore, pero hay que descartar que salgas corriendo. Ñu aparte, si llegados a este punto no me han comprendido, no sigan leyendo porque no creo que esto mejore.

Si no te gusta llamar la atención, no te gustará en ninguna circunstancia y lo evitarás. Si eres una niñata mimada, ñoña y estupidina lo serás en cualquier ambiente, aunque vayas de tía experimentada y capaz de adaptarte a cualquier circunstancia. Si eres tímido, lo serás en todo momento, y no sólo con las personas que no conoces (esto de “Yo sólo soy tímido con las personas que no conozco” es de aurora boreal). Si eres una persona meditabunda, callada y reflexiva lo serás siempre. Y así si eres bromista, o empático, o broncas, o generoso, o desconfiado. Y así también si eres una persona inteligente, o por el contrario te has creído que los demás somos los idiotas, porque al inteligente se lo conoce tanto cuando habla como cuando calla.

Sin embargo, nos encanta decir que en otros ambientes somos distintos. Nos encanta eso y decir lo de “huy, tú no me conoces, no soy como te parece”. Pero se nos caza a la legua. Mi madre dice que la falta de dinero y de educación no se pueden ocultar, pero, estando de acuerdo – ya se sabe que las madres tienen la costumbre de llevar la razón siempre -, yo creo que, en general, los rasgos de tu carácter tampoco se pueden disimular.  Ni siquiera por escrito, o quizá mucho menos por escrito. La ilusión de que hay otro, como si fuéramos la luna y tuviéramos una cara siempre oculta, es sólo eso: una ilusión.

O pamplinas.

Y ahora, piénsenlo. Y, salvo que se apelliden Jekyll, dejen de decir tonterías.