Paliar el escándalo

Los telediarios, los periódicos y las radios apestan. Yo me digo que vemos, leemos y escuchamos, pero aun sabiendo que simplemente estamos recibiendo información, una tiene la sensación de estar en medio de un vertedero asistiendo al volcado de comistrajos para gaviotas. Y pensarán vds que lo digo con segundas. Pues sí, han acertado. Pero no se equivoquen, que el camión de la basura también puede llevar flores putrefactadas, y más concretamente rosas agarradas por puños inmundos que gotean roña grasienta. Y cadáveres agusanados envueltos en mortajas estampadas con barras rojas y amarillas, como los de una Señera.

Leía yo ayer o anteayer, en ese remanso de paz y poesía que es el blog de T, un verso de Neruda que decía “entre pestilenciales agonías“. El poema hablaba de los poetas preferidos de Neruda, y el post hablaba de los de T., así es que no tiene nada que ver con esto de lo que hablo yo hoy, pero la frase “entre pestilenciales agonías” se podría añadir, con ánimo descriptivo y nada poético, a la gran cloaca que está reventando, igual que reventaba el váter en la Grande Bouffe.

Y hay muchos políticos que piden transparencia para paliar el escándalo. No es eso, amigos. Porque justamente la transparencia, el empezar a ver lo que hay, es lo que produce escándalo. Así es que cuanta más transparencia tengamos, más escándalo habrá. Para paliar el escándalo, lo que se necesita es justicia. Y aquí viene lo desolador: la misma transparencia que nos deja ver cómo unos fulanos nos esquilman, esa misma transparencia, nos permite ver cómo no les pasa nada, o muy poco.

¿Paliar el escándalo? ¿Cuál de los dos? ¿El que se produce cuando se descubre o el que se produce cuando se olvida?