La constitución de un puente.

Constitución española unmundoparacurraUn viejo adagio dice que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Y esto, además de ser un principio del derecho, es una verdad como un templo. Y para corroborarlo, fíjense en la gran mayoría de la población. Fíjense en ustedes mismos, en sus vecinos, en sus compañeros de trabajo, en sus familiares. Fíjense en la gente digamos normal. ¿Ya? Pues me explico.

La mayoría de nosotros no conoce las leyes de manera profunda y exhaustiva. Vamos por el mundo ignorantes de todos esos eximentes, agravantes, excepciones y recovecos que contienen las leyes, no digamos de las argucias procesales. Tenemos una idea general, pero no conocemos el detalle. Y, sin embargo, las cumplimos. No matamos, no robamos, pagamos nuestros impuestos y deudas,  no agredimos a nuestros vecinos, no secuestramos, no atracamos tiendas, aparcamos poniendo el papelito… Ignoramos la mayor parte de las leyes que ordenan la sociedad, su detalle, pero las vamos cumpliendo. Y cuando las incumplimos, generalmente por ignorancia o en acto defensivo, o por despiste, nos cae un puro de mucho cuidado. Prueben a soltarle un sopapo a un chorizo cuando le está robando la cartera, por ejemplo, y verán la que les cae. Vidas arruinadas por un impulso o una equivocación. Pero es así, ya está.

Ahora denle la vuelta a la frase, por favor. Sale algo así: “el conocimiento de las leyes exime de su cumplimiento”. Y ahora piensen en el caso de Marta del Castillo, y cómo el conocimiento de todas las puertas falsas que deja la ley ha permitido que unos indeseables se hayan salido con la suya. Piensen en los delincuentes que entran y salen de los juzgados con la misma naturalidad que entra y sale vd de su coche. O en los morosos profesionales, que los hay. Piensen en los etarras, o en el tal Rafita, en infrahumanos así. Piensen en el chino mafioso ése que está paseándose por la calle tranquilamente (dicen que por error, pero hay que conocer muy bien las leyes para cometer esos errores, tú ya me entiendes). Piensen en los traficantes de droga. Piensen en esas grandes corporaciones y en esos ricachones que evaden impuestos a troche y moche. Piénsenlo y llegarán a la misma conclusión que yo: para que la ley no vaya contigo es imprescindible conocerla muy bien.

Y luego ya está la cosa pública autóctona, que se las trae con abalorios. Nuestros señores diputados, nuestros altos cargos de la administración, nuestros políticos, viven de hacer leyes y de hacerlas cumplir. Pero hay presidentes de autonomías que no cumplen la ley y que además lo dicen. Miren al señor Mas y su inmersión lingüística, con sentencias en firme contra sus prácticas. O miren los referéndum ilegales o la ley de banderas. Miren la ley del déficit, que tiene rango constitucional, ni más ni menos. O la ley de presupuestos, que se incumple sistemáticamente. O el alcalde (y diputado autonómico) que asalta fincas y Mercadonas. Y no es que no pase nada: es que se sabe incumplir de tal forma que es imposible que pase algo. O que se cambia a conveniencia, aunque sea una inmoralidad, como la amnistía fiscal (ya me ocupare de eso, ya), o la actualización de las pensiones, o los impuestos. O que no se cumplen porque no se sabe muy bien ni qué ley hay que cumplir ni quién debe hacerlo, como es el caso del Madrid Arena, en donde el juez dice que es un caso complejo, cuando debería confesar que se está volviendo tarumba con tantas disposiciones, normas y competencias apiladas unas encima de otras.

Seguro que un hombre de leyes me dirá que no sé de lo que hablo. Y, miren, tendrá razón: soy una ignorante, una persona normal que no entiende los porqués de lo que lee. Y es que yo no he leído la Constitución porque, en mi ignorancia, es lo mejor que se me ocurre hacer para no incumplirla. Y también porque tengo para mí que ese libro ya sólo nos sirve a los españoles para regalarnos un puente.