84, Charing Cross Road

Helene Hanff fue una escritora americana sin demasiado éxito que inicia un intercambio de cartas con una pequeña librería de viejo inglesa, a principios de los años 50, recién terminada la 2ª Guerra Mundial cuando toda Europa pasaba por las penurias y la escasez de la postguerra. Terminó esta correspondencia a finales de los años 60, con los Beatles paseando su flequillo por el mundo y cuando en las neveras británicas un huevo de gallina o un poco de mantequilla habían dejado de ser un artículo de lujo.

Lo que empezó siendo una correspondencia comercial terminó siendo una relación emocional con los empleados que trabajaban en aquella pequeña librería, Marks & Co., en el número 84 de Charing Cross road. Y en particular con uno de los empleados, Frank Doel, típico inglés tímido, muy correcto, algo ceremonioso, pero que acaba estableciendo con la escritora una cálida relación  de amistad que trasciende al estricto intercambio de compra-venta de libros. Helene Hanff recopila, con ayuda de la viuda de Frank Doel, la correspondencia de esos veinte largos años y la publica, dándole formato de libro. Y eso es lo que nos hemos leído este mes para el Club de lectura 2.0 y lo que comentan en las reseñas de sus post Liviadru, Bicheo y Desgraciaíto (os dejo los enlaces sobre sus nombres).

Este libro es un clásico. Incluso, un libro de culto. Y aquí estaba yo, sin habérmelo leído, ya ven. Y ahora estoy la mar de contenta, porque ésta es una cosa que ya tengo hecha en la vida. Me quedaba por hacer la reseña, y me está costando un trabajo enorme, aunque por otras razones que no vienen al caso. Así es que tiraré de profesionalidad y haré un DAFO del libro a ver qué sale:

Debilidades: En el libro pasan cosas, sí, aunque más allá del pasar de la vida que se van contando unos a otros, buena parte del intercambio consiste en “He encontrado un maravilloso ejemplar del Compleat Angler de Walton a un precio de 2,25 dólares”; “Oh, es fantástico, ¿podría encontrarme algo de Tristram Shandy? Por cierto, les mando un paquete de huevos y algo de carne en conserva para que celebren la Navidad”; “Oh, recibimos la mantequilla, muchas gracias, le enviaré los clásicos Loeb y no se preocupe, que aun tiene en su cuenta un saldo positivo de 5 dólares…” En fin, la correspondencia real es lo que tiene, que uno no escribe pensando que le van a leer cinco o seis millones de personas.

Amenazas: No conocer ni uno solo de los libros que se citan, y tener complejo de ignorante supino…

Fuerzas: El carácter de los personajes, el descaro de Helene Hanff, la amabilidad de todos ellos, su generosidad, el saber que fueron reales. Son todos encantadores, todos te caen bien, incluso el sosainas de Frank Doel. El contraste entre el carácter abierto y lleno de sentido del humor de la americana y la contención y la flema de los ingleses. La intriga de si terminarán conociéndose en persona o no. Los avatares de la vida de todos ellos. El libro, en fin.

Oportunidades: Se lee en un par de tardes, porque es cortito.

Les dejo con una cita que me encantó. Helene envía comida a los empleados de la librería, cuando en Londres hay racionamientos, como regalo de Navidad, y éstos le envían a su vez un libro. Helene entonces escribe: “No me parece que este sea un intercambio de regalos de Navidad muy equitativo. Vosotros os comeréis el vuestro en una semana y antes del día de Año Nuevo os quedaréis sin nada. Yo, en cambio, conservaré el mío hasta el día que me muera… y moriré feliz sabiendo que lo dejo detrás para que algún otro lo aprecie…”

Si no lo han hecho aún, léanlo. No pierdan la oportunidad.