Tareas del hogar

Planchar no es un placer, pero puede ser una tarea muy distraída. Nada más retador que una camisa de algodón arrugadísima o un pantalón corto con pinzas, dobladillo en la pernera y multitud de bolsillitos, por no hablar del lino, esa canallada. Desde luego que hay cosas más divertidas que pasar una tarde planchando un cerro de ropa, pero entre todas las tareas del hogar la de planchar es la que menos me molesta. Tal vez porque se puede planchar mientras se escucha música o se charla con alguien sentado a tu lado que te mira fijamente…

Otra de las tareas que tampoco me molesta demasiado es recoger la cocina. La razón es que es una tarea muy agradecida, porque se nota mucho cuando la terminas. Encontrarte una cocina caótica después de haber cocinado – rectifico, después de que alguien haya cocinado – una comida de peroleo y fritos para ocho personas y ver, después de un rato y mucho esfuerzo que está todo en orden, colocado y como una patena es un placer sin parangón en la tierra, si exceptuamos limpiarte el cutis antes de acostarte o hacerte la pedicura una vez al mes.

Sin embargo, la tarea del hogar que más odio es hacer las camas. Rectifico: hacer mi cama, porque ya se pueden vds. imaginar después del declarativo anterior que hacer la cama de otros es para mí un asunto no negociable. Y es que no encuentro, como en el caso anterior, mucha justicia entre el esfuerzo que hay que hacer y el resultado obtenido. Quitar las sábanas, volverlas a poner, remeter la bajera, la encimera y la manta, hacer el embozo (¡recto!), tundir la almohada y colocar la colcha me parece demasiado trabajo como para obtener de premio una simple cama bien hecha. Lo único placentero de una cama es deshacerla, espero que al menos en esto no me lleven la contraria.

En cuanto a pasar el polvo, me parece la tarea más atolondrada de todas y por eso creo que conviene saltársela de vez en cuando para que, también de vez en cuando, procure algún interés. No andan desencaminados esos anuncios de la tele en donde se presenta una mesa de madera noble con un dedo de polvo encima esperando el producto milagroso que lo dejará como un espejo. Son muy aspiracionales, desde luego.

Y del resto de tareas del hogar, pues no sabría decirles nada de interés, suponiendo que lo anterior les haya parecido interesante. Que ya es mucho suponer. Limpiar los baños da una pereza infinita pero limpiar los cristales es muy literario, hasta el punto de que una desea que llueva y haga calima en días alternos permanentemente. Barrer o pasar la fregona son tareas espantosas y estéticamente muy desgraciadas, lo mismo que pasar el aspirador, con el agravante esto último de que no hay que usar el recogedor, momento sublime en el que se puede demostrar destreza y habilidad y con el que, al menos, puedes motivarte un poco.

Y en cuanto a cocinar, que es tarea noble con la que tantos hombres se distraen en sus ratos libres, me declaro en el nivel de supervivencia y sin el menor interés por progresar adecuadamente. Todo sea por no manchar mucho.