Y también ganaron esta Eurocopa

Supongo que muchos de vds conocerán actitudes parecidas a la de mi sobrino de 16 años. Cuando empezó esta Eurocopa 2012, aún no se había jugado el primer partido del torneo contra Italia y ya especulaba con el rival que nos podría tocar en semifinales. O sea que daba por hecho que llegaríamos a esa ronda y que habría que pasarla. Mi sobrino se ha perdido el partido de ayer porque se ha ido a estudiar a los Estados Unidos, pero antes de marcharse le aconsejé que se aficionara al béisbol. En ese deporte los españoles no somos nadie y no está de más que, aparte del inglés, añada la superación de la decepción continua a su currículum formativo.

Después de esta Eurocopa, y tras el partido que vimos ayer, no sólo la generación de mi sobrino sino todos los españoles podemos dar el pasaporte a esa desconfianza programada por la experiencia de tantas decepciones. Ganar una final de Eurocopa por cuatro a cero a Italia, jugando con alegría y yendo desde el principio a meter más goles; pasar todo el segundo tiempo sin sobresaltos; quedarte sin reproches por hacer – salvo llamar “pesao infinito” a alguno -; todo eso te hace sentir que definitivamente se ha producido un cambio de piñón, y que a partir de ahora la decepción será consecuencia de una alta exigencia y de una ambición racional, y no de esa ilusión furiosa en la que la falta de competitividad se agazapaba detrás de la mala suerte, los pésimos arbitrajes y las injustas tandas de penaltis.

No es la edad de mi sobrino, sino esa emoción de la Eurocopa del 2008, aquella euforia después del mundial o la alegría satisfecha del título merecido ayer de forma casi mecánica lo que ha acabado definitivamente con la referencia de ese pasado temeroso y pasmado en el que el único que ganaba algo de interés era el Real Madrid. No es que nos hagamos mayores, es que la selección española se ha hecho grande. Tan grande que luego, al lado, se nos queda el país muy pequeñito.

Un gran bravo al equipo de Monsieur le Marquis de Dubois, incluido el Sr. Del Bosque. Sólo espero por el bien de todos que después de ennoblecerle y agasajarle no le propongan para ministro de algo y le conviertan, a él también, en un ser muy pequeñito.