El pollo del tío Pepe

Ya tenemos otro pollo montado en España de esos que nos encantan a los españoles. Resulta que se va a abrir en Madrid un Apple Store en la Puerta del Sol, un tiendón que será probablemente el mayor de Europa. El edificio elegido por Apple es el Hotel París, en cuyo tejado estaba (estaba, porque lo habían quitado para arreglarlo) el anuncio de Tio Pepe, que previsiblemente no volverá porque, en su lugar se pondrá la manzana de Apple. Y el pollo se monta porque hay quien se opone a que se quite el luminoso de Tio Pepe porque considera que… no sé qué es lo que considera, si les digo la verdad.

Yo me imagino al responsable de la marca Apple revisando los dossieres con las ofertas para la ubicación de la tienda cuando se topa con la fotografía (nocturna) del edificio del Hotel París. Una vez recuperado del previsible desmayo, supongo que haría una sola pregunta: ¿Esa cosa se puede quitar? Y claro que eso se puede quitar: se desatornilla, se trae una grúa, y se quita. Tranquilamente. Hasta donde se sabe, el director de la marca Tio Pepe de Gonzalez Byass (empresa tan privada como Apple) no ha querido pujar por seguir teniendo una ubicación tan magnífica. Quizá es que no se ha recuperado del también previsible desmayo al ver el logo de la manzana. En cuanto al dueño del Hotel París, no ha considerado relevante el anuncio como para encarecer el contrato. O tal vez sí, que no lo sé, pero en todo caso, le ha convenido largar el edificio. Y en cuanto al Ayuntamiento, no sé si tiene vela en este entierro (no haré chistes fáciles sobre la opinión de la señora Botella, que también es mala suerte llamarse así para dilucidar sobre este asunto), pero si tanto ama el cartel, que se lo lleve al Reina Sofía o que lo deposite en otro lugar emblemático, ya que por lo visto, la publicidad en lugares emblemáticos se pueden regalar en Madrid con mis impuestos.

¿Que es un símbolo? ¿Una botella de Jerez vestida de bailaor con sombrero cordobés y con el slogan “Sol de Andalucía embotellado” es un símbolo de Madrid? ¿De qué Madrid? Del mío no, desde luego. Y supongo que de un tío con piercing tampoco. Si es para los visitantes de la plaza, que se fabriquen pins, abanicos, pañuelos y goodies diversos con la imagen del Tio Pepe y se regale a los paseantes (a costa de González Byass, claro), pero si tiene que salir la Puerta del Sol por la tele, prefiero mil veces que se vea el logo de una empresa que vende tecnología a un logo anticuado que representa los codigos más pandereteros y elementales de la España kitch de boina y botijo.

Pero en fin, hay que salvar a Tio Pepe. Yo sólo espero que no haya que salvarlo a base de consumirlo. Conmigo que no cuenten, desde luego. No me imagino pidiendo un Tio Pepe en una terracita de la Castellana o en un bar de copas de una zona pija de la ciudad. Ni no pija. Porque empiezas pidiendo Tio Pepe y terminas gritando al camarero para que te traiga cuanto antes un cola-cao, y que te dejen en paz todos los abueletes que se te acercan a ver si ligan.

Esto tiene  todos los ingredientes para que sea considerado como algo que se debe enseñar a futuros diplomáticos en las escuelas de las cancillerías extranjeras, ante un eventual destino del estudiante en esta España soleada en la que vivimos: un país que se moviliza para defender un lolailo de neón con el argumento de que hay que salvaguardar la tradición y los símbolos. Mi sugerencia es que se incluya en el capítulo dedicado a la expresión “adorar al santo por la peana“. Como caso práctico.