Operación Bikini

Yo soy de las que piensa que si a estas alturas del año no has completado la operación bikini, olvídate, ya no hay nada que hacer. El año pasado contaba yo, después de una Semana Santa bien entorrijada, que la operación bikini había que empezarla en el mes de Octubre anterior al verano objetivo, porque si no, mal vamos.

Y mal voy.

Yo no estoy gorda. Ni gordita. Ni rellenita. Ni tengo unos kilitos de más. Bueno, quizá me sobra un par de kilos, pero no son kilitos, ¿eh?. Porque cuando se dice “kilitos” lo que realmente se quiere decir son “kilazos”, o sea, la medida multiplicada por nueve. Lo mío son kilos de los normales, o sea, de mil gramos. Bueno, y tal vez no me sobran dos, sino dos y medio. Pero no más. Y además, el asunto no es que me sobren, sino que se deberían repartir mejor. Sería feliz si tomaran el ejemplo de la mantequilla cuando se extiende en la tostada.

No sé, por ejemplo, los tobillos y los pies están como vds ven ahí arriba, no sufren en absoluto. En cuanto a las muñecas, les adjunto una foto y les doy mi palabra de que permanecen inalterables (me he puesto un clip para que puedan calcular el tamaño real, es un truquillo que he sacado del CSI). Los párpados tampoco varían, y tampoco se nota nada en los hombros, ni en los brazos. Vamos, que no cambia nada de cintura para arriba. Ni de cintura para abajo.

Pero, cómo explicarles… Que sería más feliz si no cambiara nada ni de empeine para arriba y ni de empeine para abajo.