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Alex estaba sentado enfrente de mí, esperando la llamada de la puerta de embarque. Yo revisaba unos papeles mientras él hojeaba el Madame Air France, que viene a ser como un Telva que te dan gratis en los aeropuertos franceses y en los aviones de Air France.

Movía las hojas buscando alguna verdad, llevaba la lectura hacia delante y hacia atrás con cierto nerviosismo. Yo ya conocía bien esa actitud y ese gesto: no buscaba nada en concreto, pero quería encontrar algo. Y estaba a punto de desconcertarme…

De verdad que no lo entiendo. Lees una revista de hombres y salen tías en sujetador. Y lees una revista de tías y sigues viendo tías en sujetador. ¡No lo entiendo! Si a los tíos les gustan las tías en sujetador, entonces las revistas de tías deberían sacar a tíos medio desnudos, y si a las tías les gusta ver la ropa interior que van a llevar, entonces los hombres tendrán interés en ver anuncios de camisetas y calzoncillos. Ese es el buen razonamiento. Pero no: siempre, al final, lo único que ves son tías. Yo no entiendo el mundo editorial.

Sonó una voz femenina, salvadora: “Votre attention, s’il vous plaît. Le vol 2100 à destination Madrid...” Guardé mis papeles y busqué con la mirada la puerta de embarque.

– ¿ Vamos?