El distinto collar

En las últimas dos semanas se me ha desorganizado un poco la vida y he leído poca prensa. Casi mejor, porque todo son noticias deprimentes. Cuando no son deprimentes, son cabreantes. Y cuando no son cabreantes, entonces son tristísimas. Y eso que en la radio se trata poco el internacional, aunque basta con mirar fotos y leer algún titular para hacerse una composición de cómo anda el mundo. Con Zapi no vivíamos mejor, pero al menos no tenían al país tan desquiciado. Entre que no hacían nada y que sólo decían majaderías, pues nos dedicábamos a hablar de la vida y a pensar en otras cosas. Pero Marianín ha impuesto un ritmo y un griterío que, al menos a mí, me aturulla. Ya no sé si es por tanto disgusto que nos dan o por tener que soportar a todos esos pasa-platos llevando los eslóganes de un lado para otro, que se me levanta dolor de cabeza.  En fin, que la derecha va a acabar con el poco buen humor que me queda. Perdón ¿He dicho la derecha? Lamento abandonarme al lugar común.

La única diferencia que veo entre estos que nos gobiernan y los anteriores es que ahora no te encuentras a una chacha o a un ágrafo haciendo un training de ministro. O sea, que estos han estudiado, hablan con propiedad y pronuncian decentemente. Por lo demás, es la misma ideología pero aplicada más deprisa. Una socialdemocracia buenista y de poca exigencia, en donde un Papá Estado omnipresente lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Quiero decir, que lo mismo hace el roto que el descosido. El mantra de Marianín (no podemos gastarnos lo que no tenemos) es una formulación tramposa. Y lo es porque basta con subir impuestos para tener más y seguir gastando en lo que ni vd. ni yo nos gastaríamos ni un duro. La buena formulación (no podemos gastar en bobadas) no se les ha ocurrido, a pesar de tener estudios. En fin, señores, que seguimos comprometidos con La Rioja.

Lo que no me esperaba yo es que con mi dinero también tuviera que pagar unos nuevos cursos de convivencia a los etarras, para que tengan una “aproximación a la realidad” y otra aproximación a su casita y al fin de su condena. Preferiría pagar por que les hicieran una trepanación, que iba a costar lo mismo y sería algo más eficaz, si a lo que vamos es a que esas bestias puedan vivir en un mundo normal. Es nauseabundo. Un Zapi hiperactivo, con estudios y sin abuelo: eso es, ni más ni menos, lo que tenemos en Moncloa.