La mitad de la semana

Pues que aquí me tienen, un jueves, y con la cabeza del revés a ver qué les cuento. El lunes tenía la cabeza del revés por otras razones y me la enderezó Melody Gardot, y luego he ido transitando martes y miércoles con el único aliciente de sus amabilísmos comentarios. No crean que no me han sucedido cosas, pero ciertos temas de los que podría hablar con conocimiento de causa, y que podrían ilustrarles en la vida y servirles de guía y consejo, me los tengo prohibidísimos. A cambio, peno con el riesgo de aburrirles. Un riesgo que, por cierto, es sólo suyo: yo ya sé lo que he escrito antes de releerme.

Podría contarles que me han subido la Contribución hasta dejarme sin respiración. O que me he quedado sin batería en el coche, y he tenido que dejarlo en la oficina. O que el libro que me estoy leyendo me tiene, a partes iguales, intrigada y decepcionada. O que mi profesor de inglés me ha hecho repetir cantando “how long does it take to” durante media hora. O que no hago más que mandarle mensajes a la Sra Christine Lagarde (presidenta del FMI) en Twitter y no me contesta. Y es que me tiene preocupadísima, la Lagarde, porque no publica un tuit desde el 26 de septiembre. O que no sé cuándo ni dónde he perdido un cristal de las gafas, porque me he dado cuenta de ello tres horas después de llevarlas puestas. O que he descubierto que el olor profundo de la transpiración añeja puede alcanzar un radio de tres metros, con mesa de por medio. O que quizá ambos hechos, estar concentrada en no respirar y perder un cristal de las gafas, pueden tener alguna relación. 

Les dejo, que tengo una llamada telefónica. A ver si mañana me animo y les cuento algo de interés.