El glamour de la Gunilla

Tengo un amigo que cuando pide vino Lagunilla, añade sonriendo “von Bismarck”. Y otro que habla de contratar un catering Zeta Jones. Ocurrencias que tienen y que me sirven de introducción, aunque no tengan ninguna relación con lo que les voy a contar.

Y es que, como cualquier domingo tonto, me he puesto a hojear una revista del cuore. Y me he topado con el siguiente titular:

GUNILLA GRÄFIN VON BISMARCK-SCHÖNHAUSEN:

“NO TODO EN MI VIDA ES `GLAMOUR´, PERO NO LO VOY A CONTAR”

M

Me he dicho: “¡Anda, La Gunilla!”.

Y sin embargo alguno, no he seguido leyendo por si acaso fuera la periodista a insistir y la Gunilla a arrepentirse. Y que tuviera yo entonces que apechugar con un relato detallado de sus salidas al Mercadona, sus visitas al podólogo, sus trajines con el hilo dental o sus probablemente decepcionantes amaneceres, plenos de bostezos, estiramientos y picores. Por no hablar de detalles escatológicos presentes en la vida de cualquier ser vivo que forman parte de un universo tan natural como corriente. Porque, señores, una cosa es un domingo tonto y otra un domingo aburrido, esto lo podrán vds. comprender.

Sin embargo sí les diré que a la Gunilla le pasa como a la Curra: no todo en su vida es `glamour´, pero no lo voy a contar.