De compras

La operación compra de bikini de este año ha resultado un poco menos traumática que en años anteriores, aunque con resultados similares. El dos piezas no ha logrado superar el veto implacable del espejo, que me devolvía una imagen de mí misma algo desparramada, y yo siempre he asociado la seguridad con la firmeza. También en el carácter. Así es que me he sometido dócilmente a la enorme capacidad de recogimiento que aporta el enterizo, sin menoscabo de su practicidad y discreción.

Una vez dicha esta tontería, paso a describir los colores a los que me he abandonado. He optado por un alegre estampado de florecillas rojas sobre fondo blanco y un mucho más austero aunque poderoso morado que combinará estupendamente con el color de mi piel, si bien para que esto suceda deberemos esperar todavía par de semanas. Con todo, se trata de una elección no desprovista de riesgos, porque sepan vds que, en materia de tonos, mi piel alterna tres: el amarillento del invierno, el negruzco del verano y el verdoso del entretanto. También paso unos tres días al año moteada en blanco, pero es debido a que me escamo cuando la humedad costera se trastoca en sequedad mesetaria. No se inquieten, que se puede arreglar con una buena scrub cream. Y a malas, la recia esponja de crin siempre es una garantía de éxito. En lo que respecta al color rojizo, puedo llegar a sufrirlo momentáneamente a principios de temporada. Y sobre el atractivo doradito… bien, he de reconocer que ese es un color que mi piel no ha conocido jamás. Jamás es nunca, por si acaso les asalta alguna duda.

Y estas son todas las bobadas que se me han ocurrido hoy, miércoles 20 de Julio. Mañana será otro (menudo) día.