Tipografías

Ver un documento escrito con tipografía Comic Sans y ponerme mala es todo uno. Es una tipografía que no puedo soportar, ya conoces mis manías. Otro día te hablaré de los fondos de mail, o de algunas firmas automáticas que son como puñetazos. Pero hoy le ha tocado a las “tipos”, tú sabes por qué.

Cuando llegué a este puesto me encontré con que esa era la simpática y original tipografía que se usaba. Para el exterior, no te lo pierdas. En interno se usaba cualquiera que saliera del ordenador. Cuando comprendí que lo hacían aposta tuve que combatir un previsible desmayo, y tardé un par de días en salir de la estupefacción. La tercera de mis instrucciones fue que no volvieran a utilizar esa tipografía en ningún documento. Y mucho menos en un acta, por no hablar de un presupuesto o de una presentación. Entre los documentos se incluían, naturalmente, los e-mails. No hizo falta repetirlo: mi cara, mi tono, y mi dedo índice extendido fueron suficientemente jupiterinos como para que se comprendiera al instante que el asunto me importaba y que hablaba muy en serio. Sin embargo, rearmé la sonrisa y el sentido de la persuasión para contestar a la pregunta de por qué.

Igual me pasé un poco en el juicio, lo admito, pero había que ser muy contundente: un momento de duda y tendría que corregir esa puñetera tipografía cada mañana. Por supuesto que después de esto, la siguiente pregunta que tuve que responder fue ¿Y cuál ponemos? 

No me preguntes cuál usamos ahora, porque no me acuerdo. Será, probablemente, la clásica Times o la insípida Arial. La verdad, querido, es que eso es algo que ya ha dejado de preocuparme.