Impuntualidad

Lo malo de la impuntualidad es que la espera se torna imprevisible.

13:29 horas

– Oye, que me pregunto si has llegado ya.

– No, pero ya estoy llegando. Aparcar y ya está.

– Vale, estoy en la puerta al solecito, fumando un cigarro.

13:37 horas

– Oye, ¿Estás llegando a Madrid o al restaurante?

13:46 horas

– Oye, ¿Vas a tardar mucho más? Porque me estoy quedando sin solecito…

13:52 horas

– Oye, que me pregunto qué clase de parking exige una vespa.

13:58 horas

– Oye ¿Traes tabaco?

Y lo bueno es que el tiempo toma holgura.