Los mínimos de la abuela

Recordando lo que escribí hace un par de días, pensaba esta mañana yo de camino a la oficina sobre el mismo asunto. Me ha salido una frase rarísima. La dejo para que lo que viene a continuación os parezca un razonamiento facilito.

Los manipuladores de opinión, periodistas, tertulianos, también los politiquitos de casa o de allende nos dicen y repiten que hay que instalar la democracia en esos países que aun no la tienen, como paso imprescindible para el bienestar. Y yo me acuerdo de algunos consejos de mi abuela: el pelo y los zapatos siempre limpios y cuidados; mujer sin medias, vestida a medias; antes del maquillaje, hay que limpiarse la cara. Mis hermanas y yo llamábamos a esto los mínimos. Había más, pero hoy no me hacen falta.

¿Qué tiene que ver eso con la democracia? Pues muy fácil: que todo en la vida tiene unos mínimos, unos básicos, que conviene respetar. Y esto vale para el aspecto de mis hermanas – y mío – tanto como para la democracia. A ver,  con un estado cleptocrático y corrupto por arriba y un 70% de analfabetos y pobres de solemnidad por abajo, tú pon urnas. Y a ver qué tal te quedan. Y al contemplar a las mujeres con burka en la cola del colegio electoral, preocúpate sólo por si llevan medias, puesto que la democracia habrá resuelto  su libertad. Claro que sí: pueden elegir entre firmar con la huella del dedo – previo quitarse el guante un momentito –  o dejarse poner un chorreón de pintura en la cocorota. ¡Amigos, es el precio de la igualdad!: ellas, como los hombres, tampoco pueden votar dos veces.

¿ Tengo que explicar también lo del maquillaje o me busco otra frase rara?