Egipto

Hombres sin nada que hacer, asqueados en la puerta del bar, con su té. A su alrededor, todo cayéndose de viejo, la dejadez, el abandono.  Los lavabos de señoras llenos de agua porque las mujeres entran asfixiadas, y tienen que quitarse la cárcel de ropa para refrescarse un poco.

Un fondo de indignación entre las clases más instruidas por el despropósito de nombrar al hijo de Mubarak sucesor. Hambre. Hartura. El barrunto de que algo pasa.

Gente encantadora, bromista con el extranjero, a quien aparentemente toleran. ¿Será un espejismo? La policía turística, de blanco, está por todas partes. La matanza de coptos nos devuelve al desierto.

Un polo turístico de primer orden. El Canal de Suez. Una producción agrícola considerable. Materias primas. Una posición geoestratégica magnífica. Una potencia demográfica de 80 millones de cabezas, 160 millones de brazos. Todo echado a perder. Y un problemón a compartir.

Porque ya es mala suerte tener que aguantar a un dictador 30 años. Pero que además sea tan incompetente es tener a la divinidad entera de espaldas. Empezando por Anubis.