Dirigir y llevar el compás

Estuve en la ópera el jueves viendo Norma, en versión concierto. En estos casos, la orquesta ocupa todo el escenario con el coro al fondo, y los cantantes se sitúan en un atril en primera fila, no estoy segura de si es para que se les oiga mejor o para que se les vea bien. Bueno, si la prima donna es la imponente Violeta Urmana vestida de rojo, no creo que el motivo sea reparar en ella.

En una versión concierto el interés visual es limitado. Así es que yo estuve un buen rato absorta en mis reflexiones observando el trabajo del director, cuyos gestos no son simultáneos al movimiento de la orquesta. Parece evidente que el director debe hacer el gesto un segundo antes de que los músicos intervengan. Pero no es solo anticipar y dar paso al movimiento: dirigir la orquesta también requiere conocer la partitura, tener sentido del ritmo, saber dónde están los músicos, cómo suenan sus instrumentos y ¡no quitarle ojo al del bombo!. Si además sabes de música, tienes personalidad y mucha experiencia, entonces te pueden contratar para dirigir Norma en el Real.

Pensé también en algunos gorilas, que cuando se ponen a dirigir una orquesta solo logran hacer gimnasia. Y mientras, el resto sigue el compás.